
En 1817, cuando James Monroe tomó posesión como quinto Presidente de Estados Unidos, este era un país joven que buscaba su lugar en el mundo.
Habían pasado unas décadas desde la firma de la Declaración de Independencia, pero las potencias europeas aún poseían territorios en el Hemisferio Occidental. España luchaba por mantener el control de México, que obtuvo la independencia en 1821. Y durante la Guerra de 1812, los británicos ocuparon Washington e incendiaron la Casa Blanca.
En un discurso pronunciado ante el Congreso el 2 de diciembre de 1823, el presidente Monroe rechazó la injerencia extranjera en el Hemisferio Occidental y reivindicó el liderazgo de Estados Unidos en la región. Monroe afirmó que las Américas, por la condición de libertad e independencia que habían asumido y mantenían, no debían considerarse en lo sucesivo como objeto de futura colonización por parte de ninguna potencia europea.
Mientras Estados Unidos celebra su 250. º aniversario, la doctrina Monroe (en inglés) se erige como un hito de la soberanía estadounidense. Elaborada junto con el entonces secretario de Estado John Quincy Adams, la política abogaba por esferas de influencia separadas para América y Europa, y se oponía a la colonización y la injerencia europeas en el Hemisferio Occidental.
Ecos de la fundación
El profesor de Ciencias Políticas en el colegio universitario Hillsdale College, John Grant, afirma que la doctrina Monroe sirvió para “fomentar la conciencia de Estados Unidos como nación independiente” y promovió un “sentido de identidad nacional, ciudadanía y propósito común”.

Grant señala que la doctrina surgió tras la defensa de Washington por parte de Estados Unidos durante la Guerra de 1812, lo que demostró a Gran Bretaña que “no van a reconquistarnos; eso no va a suceder”.
Alison Mann, conservadora del Museo Nacional de la Diplomacia Estadounidense del Departamento de Estado en Washington, afirma que la doctrina Monroe se basó en los esfuerzos del anterior presidente, Thomas Jefferson, por afirmar el poder económico de Estados Unidos y evitar complicaciones con Europa. Monroe consultó a Adams sobre si la joven nación podría resistir la influencia extranjera, preguntándole si, en caso de que una potencia europea intentara colonizar Estados Unidos, el país podría repeler el intento con su poderío económico y militar. Adams respondió que sí.
Para Grant, el profesor de Hillsdale, esta doctrina reafirma los principios fundacionales de Estados Unidos en un mundo en constante cambio. Monroe y Adams, quien, tras ocupar el cargo de Secretario de Estado, sucedería a Monroe en la presidencia; fueron los últimos presidentes estadounidenses que participaron en la fundación del país.
Monroe cruzó el río Delaware (en inglés) con George Washington la noche de Navidad de 1776 para llevar a cabo una emboscada que cambió el rumbo de la Guerra de la Independencia.
Adams fue ayudante de su padre, John Adams, durante las negociaciones del Tratado de París, que puso fin a la guerra y garantizó la independencia de Estados Unidos.
















