
Las Choapas, Veracruz – El pozo Krem-1, ubicado en Las Choapas, comenzó con una fuga e incendio el 5 de marzo durante labores de perforación a más de 3,300 metros de profundidad. Casi cuatro meses después, la emergencia no ha sido cerrada por completo.
Pemex sostiene que la situación se encuentra en “control operativo”, que realiza monitoreos de calidad del aire y que continúa con los trabajos para la sofocación y taponamiento definitivo del pozo.
Sin embargo, en las comunidades cercanas la realidad que se vive es otra. Habitantes de El Nacimiento, Francisco Villa, Plan de Iguala, La Guadalupe, Las Cruces y otras zonas denuncian que la fumarola sigue visible, el olor persiste, el ruido no se detiene y muchas familias continúan expuestas a humo, calor y gases desde hace meses.
Además, reportan afectaciones en arroyos, mortandad de peces, daños a cultivos y al ganado, así como la necesidad de comprar agua porque ya no confían en la que consumían antes.
Vecinos han presentado síntomas como tos, ardor de garganta, irritación en los ojos, dolor de cabeza, náuseas y molestias respiratorias.

El 16 de junio perdió la vida un trabajador contratista en la zona. Pemex aseguró que, de acuerdo con información preliminar, el fallecimiento estaría relacionado con condiciones médicas previas y no con exposición a gases. No obstante, entre los pobladores persiste la desconfianza.
La Secretaría de Salud anunció atención para la población afectada, pero las comunidades exigen estudios independientes del aire, agua, suelo y efectos a largo plazo en la salud, además de reparación de daños.
Esto es una crisis ambiental, social y sanitaria. Mientras Pemex habla de control, los habitantes de Las Choapas siguen viviendo bajo una emergencia que nadie les ha explicado con claridad.













