
Washington al parecer se va del discurso a la acción. En las últimas horas, Estados Unidos ha dado inicio con la movilización de vehículos militares y equipos tácticos hacia la frontera sur, en un movimiento que se vuelve en un endurecimiento real del control fronterizo.
No es un ejercicio ni una foto para la prensa. Se trata de un despliegue que apunta a reforzar vigilancia, disuasión y capacidad de respuesta frente a tres frentes clave como el tráfico de drogas (especialmente fentanilo), redes de contrabando humano y flujos migratorios fuera de control.

Fuentes de seguridad indican que el respaldo militar no viene de las agencias civiles, pero sí incrementa el nivel operativo: más sensores, más patrullaje, más control del terreno. Lo que se traduce como menos zonas grises.

El mensaje es claro y va dirigido tanto hacia dentro como hacia fuera: la frontera dejó de ser un tema retórico y ahora se vuelve un asunto de seguridad nacional.
En el nuevo tablero regional, quien no coopere, queda expuesto. Y cuando aparecen vehículos militares, ya no es un debate: es ejecución.













