
CIUDAD DE MÉXICO. — El desgaste político y de imagen del gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, ha comenzado a ser reconocido de manera abierta desde el interior de Morena.
El senador Gerardo Fernández Noroña admitió públicamente que existe un menoscabo considerable en la figura del mandatario sinaloense, señalando que “el daño que le han hecho a la reputación del gobernador con licencia es muy fuerte”.
La declaración de Noroña se produce en una coyuntura de alta tensión política, marcada por el regreso de Rocha Moya a sus funciones tras más de tres meses de ausencia y su posterior decisión —apenas un día después— de solicitar nuevamente una licencia indefinida al Congreso del Estado.
Esta cadena de acontecimientos desató deslindes públicos por parte de gobernadores y de la dirigencia nacional de Morena, mientras que la presidenta Claudia Sheinbaum acotó que la decisión de reincorporarse recaía estrictamente sobre el propio gobernador.
Aunque Fernández Noroña intentó centrar la discusión en el impacto reputacional que ha sufrido el político sinaloense, persisten los cuestionamientos sobre si este desgaste es producto de una campaña externa o la consecuencia directa de las decisiones políticas tomadas por su propia administración.
El debate actual ya no se centra únicamente en la viabilidad de la permanencia de Rocha Moya al frente del Ejecutivo de Sinaloa, sino que sacude su credibilidad, el respaldo político real que conserva y redefine su relación con la cúpula de su partido político.












