
El entorno más cercano de Vladímir Putin está perdiendo la fe en su liderazgo mientras el mandatario se encuentra cada vez más aislado políticamente. Según informes internos, este año se ha consolidado un cambio drástico en la actitud de las élites del Kremlin, quienes manifiestan una “profunda decepción” con el rumbo de la Federación Rusa. “Quienes antes defendían a Putin ya no lo hacen; toda esperanza de futuro se ha desvanecido”, aseguran fuentes cercanas al poder central, de acuerdo a reportes del medio The Guardian.
Crisis de seguridad y violencia interna
La inestabilidad se ha manifestado con violencia en la capital rusa. Recientemente, el teniente general Vladimir Alekseyev, subdirector de la inteligencia militar y figura clave en la supervisión de empresas militares privadas, resultó gravemente herido tras un tiroteo frente a su domicilio en Moscú. Alekseyev fue un negociador crucial durante el motín del Grupo Wagner en 2023, y su estado crítico alimenta las sospechas de purgas o enfrentamientos internos entre las facciones de las fuerzas de seguridad.
Un modelo económico y militar agotado
El descontento de los oligarcas se ve agravado por una economía que, tras el auge inicial de la guerra, finalmente se ha estancado. El impacto se siente en subidas de impuestos y una reducción drástica de los servicios públicos, lo que genera malestar incluso en los sectores que se beneficiaron de la invasión.
En el frente de batalla, la situación es igualmente precaria:
Pérdidas humanas: Rusia ha registrado picos de hasta 35.000 y 50.000 bajas mensuales en 2026.
Fracaso en el reclutamiento: Por primera vez desde el inicio de la invasión a gran escala, Rusia está perdiendo más personal del que puede movilizar, con un ritmo de captación de 940 personas diarias, por debajo del objetivo de 1.100 necesario para sostener sus operaciones.
Estancamiento diplomático: Las recientes conversaciones de paz en Abu Dabi, con mediación de la administración Trump, concluyeron en apenas tres horas sin avances en el control del Donbás.
El aislamiento del líder A pesar de la presión, Putin mantiene su estrategia de desgaste, confiando en que podrá superar la voluntad de Occidente a largo plazo. Sin embargo, el aislamiento no es solo político; tecnológicamente, las tropas rusas han sufrido golpes críticos, como el bloqueo de la red Starlink a petición de Ucrania, lo que ha degradado su capacidad de mando y control en el terreno.
Expertos advierten que el cálculo estratégico de costes para Rusia va en una dirección que Putin podría no ser capaz de revertir, con una infraestructura energética degradada por ataques profundos y una posición internacional que se erosiona mientras la balanza comienza a inclinarse gradualmente a favor de Ucrania.
















