Los mitos de la Guardia Nacional de Nicaragua

Foto histórica de la Guardia Nacional de Nicaragua.

En 1927 después del Pacto del Espino Negro, cuando el coronel Henry L. Stimson abandonó el país, creyó de corazón que había dejado en Nicaragua las bases para una prolongada armonía cívica y una alternabilidad democrática con la instauración de una fuerza militar bipartidista y eventualmente nacional.

En realidad, no tuvo que esperar mucho tiempo para constatar por sí mismo, que su autoridad bien intencionada en Nicaragua, había sido desviada hacia los tradicionales intereses partidarios y renovadas ambiciones personales.

Este volumen no es analítico sino más bien un recuento de las medias verdades que se daban como hechos y logros en el desarrollo de la Institución; una especie de castillo de arena a merced de las tempestades del momento.

El primer período de la GN (1927-1932) además de haber sido apolítico, estuvo lleno de auténtico aprendizaje de combate con balas vivas y fogueados instructores; fue esa la razón para dedicarle espacio a dos acciones relevantes de ese período que sentaron sólidas bases de tradición de combate a la sombra de los marines norteamericanos: La Batalla de Ocotal y la de Quilalí donde el Teniente Christian F. Schilt personificó un valor y arrojo con espíritu de sacrificio jamás superado en la historia de la GN.

También es importante enfatizar en ese período, el legado histórico con hechos concretos que se realizaron en Nicaragua y la consagración en nuestro territorio, de Chesty Puller, el marine más famoso y más condecorado en la historia del Cuerpo de Infantería de Marina de los Estados Unidos.

Pero la institución fue arrastrada a un período de politización por etapas (1933-1979) y aparecieron descontentos al rescate de la misma que no pudieron romper el esquema tempranamente establecido por Anastasio Somoza García, el primer Jefe Director nicaragüense.

Abelardo Cuadra, Carlos Eddy Monterrey, los hermanos Aguirre Baca, Adolfo Báez Bone, Rafael Choseul Praslín, Jorge Cárdenas, Víctor Manuel Rivas Gómez, Napoleón Ubilla Baca, Alí Salomon, Jorge Arellano, Bernardino Larios y Guillermo Mendieta, llenan la lista de los más conocidos que intentaron expresar abiertamente ese sentir que, de una u otra forma, estuvo reprimido en el subconsciente de muchos oficiales de la Institución.

Para entender las interioridades de la GN hay que comenzar en su seno, en los cuarteles donde cada miembro se debatía en su doble papel de ser policía y/o soldado; en adaptarse e implementar los pormenores económicos de las funciones del orden y sufrir las consecuencias por las habilidades tácticas descuidadas.

Leer también: VIDEO Dictadura del FSLN expropia casa de periodista independiente y defensora DDHH Patricia Orozco

Cuando la función policial prevaleció, los desmanes y abusos se multiplicaron y el tiempo los regresó como fantasmas del pasado reclamando justicia.

El bautizo político era reglamentario en términos prácticos para todo el interesado en progresar en la Institución. Otro factor determinante en el destino final de la GN fue lo que parecía una yunta tratando de ejecutar una doble tarea con las mismas herramientas, situación que la privó de un desarrollo correcto y especializado desde el punto de vista profesional.

De una u otra manera, surgieron las suposiciones que hemos querido identificar como mitos y con ellos, se pretendió dar sustento a una realidad faltante o perdida. En verdad nunca fuimos apolíticos, ni poderosos logística y numéricamente, ni profesionales completamente porque los vestigios e intentos llegaron en las postrimerías, apenas al final del camino.

Las sombras de Somoza García y Sandino… y las secuelas de sus magnicidios nunca fueron fantasmas del pasado en el desarrollo y destino de la GN, porque el primero había originalmente trazado las reglas del juego, y el segundo había posteriormente inspirado a otro grupo para retar a los fieles soldados. El tiempo demostró que las verdades a medias no resisten su prueba porque después de todos los mitos, el mito final de la EEBI fue sólo para prolongar el lapso pretoriano y amortiguar la inevitable caída.

Comentar esta noticia

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *