La Policía del Frente Sandinista (FSLN) informó ayer lunes una versión similar a la que hizo la vicepresidenta Rosario Murillo, el pasado viernes, una hora después de que ocurriera el atentado, de que no fue un atentado sino un “accidente” que comenzó el incendio en la capilla de la Sangre de Cristo.

Durante una conferencia de prensa donde sólo había medios del gobierno sandinista, la Policía intentó cerrar el caso afirmando que “el incendio no fue intencional” y que todo aconteció a causa de los “vapores del alcohol que ascendieron al techo” y allí se incendiaron.

La nueva versión es parecida a la que brindada por la Policía el sábado, después de interrogar a una trabajadora de Catedral y a un testigo por más de seis horas.

El cardenal Leopoldo Brenes, el papa Francisco en el Vaticano, sacerdotes y denominaciones religiosas de Latinoamérica y Europa, fueron congruentes en llamar “atentado” o “acto terrorista” al incendio del pasado viernes, que termina por quemar una histórica imagen de la Sangre de Cristo, una de las más veneradas en Nicaragua.

Antes, la Policía Nacional había emitido un segundo informe preliminar sobre el incendio, en el que descartó que este fuera provocado, y describió el escenario propicio para un accidente, incluyendo la presencia de un atomizador que contenía alcohol y la base de una veladora, en concordancia con la versión dada previamente por la vice dictadora y primera dama Rosario Murillo.

El cardenal, quien se quejó de que la Policía hizo lo posible por impedir la misa dominical televisada desde la Catedral, sostuvo que el incendio fue un “infame acto, realizado con todo lo que implica una acción terrorista, como lo dije el día viernes”.