«Chinca» de Venezuela, como cariñosamente le llamaban familiares y amigos, decidió la semana pasada una fatal opción, reseña cactusnoticias.

Desde hacía días tenía malestar general, tos y dificultad para respirar, por lo que fue a un centro asistencial, donde le asignaron un tratamiento y la enviaron a reposo, pero su preocupación no terminaba, pues tenía temor de estar contagiada con el Covid-19, aunque el médico que la vio no la consideró en su momento una potencial portadora del virus.

Los pensamientos no la dejaron en paz hasta el pasado viernes, cuando fue la última vez que la vieron con vida. La mujer, de 48 años, amaneció con una soga alrededor del cuello y sin registros de signos vitales.

Funcionarios policiales resguardaron su casa, ubicada en la calle Urdaneta con Arismendi, hasta que el personal del Servicio Nacional de Medicatura Forense se encargó del levantamiento del cuerpo.