Pedrón también era General

Foto de Pedrón.

Después del acuerdo de paz entre el Presidente Sacasa y el General Sandino, los remanentes del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional, como se hacían llamar las huestes de Sandino, comenzaron a entregar sus armas en San Rafael del Norte.

Fue un proceso supervisado por ambas partes que se interrumpió apenas se supo de los sucesos del 21 de febrero de 1934.

El más notorio de los lugartenientes de Sandino que se dispersaron armados y se dedicaron a un bandolerismo cruento fue Pedrón Altamirano, de fama sanguinaria y comportamiento despiadado. No sabía leer ni escribir y por la insistencia de Sandino, ya al final podía cancanear y garabatear. Dice José Román, después de las pláticas que tuvo con él, que siempre llevaba una toalla enrollada al cuello, cargaba un machete y una pistola 44. Con fama de ser cruel en extremo, lo señalaban de haber cortado más de 60 cabezas.

Después del asesinato de Sandino, el proceso de pacificación fue retardado en la zona de las Segovias y Pedrón buscando zonas más seguras, se desplazó a Chontales. Fue allí donde encontró la muerte, su comportamiento había degenerado tanto, con actos atroces, que su propia gente tuvo que ponerle fin a su vida.

Con la muerte de Pedrón, comenzó la etapa de control único de la GN y su proyección cuartelaría como fuerza del orden primordialmente.

Sin entrenamiento en funciones del orden en esa etapa inicial, la institución se convirtió en Policía y comenzó así, a labrar su triste destino. Las improvisadas secciones de policía, fueron los cuarteles tradicionales, los primeros en sentir el efecto del abandono táctico renovador en sus días postreros. La recaudación monetaria prevaleció por encima de la preparación táctica y la secuela de esta proyección es triste historia para los sobrevivientes de la debacle de 1979.