No hay nada que dialogar con el dictador sandinista

Jorge Estrada, Empresario nicaragüense luchando por el bienestar de nuestro pueblo desde el exilio.

Ahora resulta que después que Ortega asesinó, encarceló y exilió a miles de nicaragüenses opositores, y se robó las elecciones, está, con el mayor descaro del mundo, llamando a un diálogo.

Eso es inaceptable para todos los demócratas nicaragüenses que tenemos un poco de dignidad y no debemos sentarnos a la mesa con el mayor déspota de la historia de Nicaragua.

Me duele ver que ya haya algunos mequetrefes y lame-botas que anden por ahí diciendo que hay que sentarse, por Nicaragua, a dialogar con el tirano.

Ortega debería estar preso. Él ha cometido demasiados crímenes; él ha violado casi toda la constitución política de N

icaragua, y ha desmontado y destruido las instituciones democráticas de nuestro país para asentar su aparato represor marxista-leninista.

El régimen opresivo de Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo ha sido recriminado y condenado por todas las naciones occidentales decentes y desarrolladas y por la mayoría de las naciones que conforman la Organización de Estados Americanos (OEA). Los únicos que lo han defendido son regímenes igualmente opresivos como el suyo: Rusia, Irán, Corea del Norte, Cuba, Venezuela, Bolivia. ¿Qué moralidad tienen estos regímenes compinches de Ortega para decir algo a su favor.

Por otro lado, no puede ser posible que haya en Nicaragua gente que se llame “opositora” y ande buscando como hacerle el juego a Ortega para aceptarlo, legitimarlo y reconocerlo.
Lo que hay que hacer es seguir presionando, tanto desde dentro como desde afuera, Ortega deje el poder y sea juzgado por sus cientos de crímenes cometidos contra los nicaragüenses que se oponen a que alguien les imponga su voluntad.

Los nicaragüenses que estamos luchando desde diferentes frentes no vamos a apoyar ninguna aceptación de sus llamados para dialogar. Aceptar una propuesta de convocatoria para un diálogo es ya reconocer que él ha ganado limpiamente unas elecciones. Ello implicaría volver atrás y recomenzar de cero.

Leer también: Evangélicos reclaman su derecho a demandar junto al pueblo la libertad de Cuba

En Nicaragua no hubo elecciones. Hubo una payasada, una mueca para que el déspota se eligiera robando y se asignara cinco años más en el poder, con 75 diputados en la Asamblea Nacional. Y para compensar a sus cómplices en otros crímenes más, el monstruo sandinista solo le tiró al suelo unos confites a los partidos cómplices (“Partidos hienas”) para que montaran una farsa que pretenda venderle al mundo que hubo una elección donde el tirano obtuvo el poder porque el pueblo lo eligió. ¡No les da vergüenza!

No hay que aceptar la propuesta para sentarse en una misma mesa con el asesino más pernicioso del pobre pueblo nicaragüense. Con solo el hecho de creer que es bueno dialogar con el tirano, éste ya está ganando tiempo para seguir en el poder y que al mundo se le olvide que estamos en guerra contra una tiranía sanguinaria y perversa.

No al diálogo. No al reconocimiento de la tiranía que quiere perpetuarse en el poder junto con su familia.

Ya basta de orteguismo. Váyanse ya para que vivamos tranquilos y en paz. El pueblo nicaragüense lo desea, porque está harto de ellos.