En los asesinatos del Padre Pupiro y del Padre Blandón hubo trasfondo político

A la izquierda, el Padre Pupiro con el Monseñor Silvio Báez.

El padre Marlon Ernesto Pupiro, párroco de la Iglesia de la Inmaculada Concepción, en La Concepción, municipio de Masaya, fue asesinado el 20 de agosto 2011. El asesino, o los asesinos, lo sacaron con engaño de su casa. Lo sedaron antes de asfixiarlo y luego lo remataron de un disparo en la cabeza. El cadáver del padre Pupiro fue encontrado el 23 de agosto del 2011, en el kilómetro 16 Carretera Vieja a León en un basurero. Él había desaparecido desde el 20 de agosto.

El sandinismo odiaba al padre Pupiro, porque denunciaba los crímenes y la corrupción del mal gobierno de Daniel Ortega.

La policía quiso hacer creer que el móvil era el robo, pues después de haberlo asesinado con saña, sus verdugos procedieron a desmantelar su vehículo y vendieron las piezas. Yazker Blandón Torres confesó haber asesinado al sacerdote, aceptó todos los cargos que se le imputaban para encubrir a los verdaderos autores intelectuales del asesinato. La familia del padre Pupiro ni los feligreses jamás se tragaron la versión policial.

En aquel momento, monseñor Silvio Báez, dijo: “Vamos a seguir denunciando todo lo que es injusticia, corrupción, anarquía y violencia en esta sociedad, a pesar de que nos cueste la vida, y por ello nos conduzca a la muerte”. Desde ese momento el orteguismo desencadenó una campaña de odio y de difamación en contra de monseñor Báez y del padre Pupiro.

Aunque el asesino del padre Pupiro, supuestamente, debía cumplir una condena de 30 años, fue puesto en libertad por el régimen Ortega Murillo, en mayo 2020, después de 9 años de haber estado en la cárcel.

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Segundo Sacerdote asesinado

Padre Francisco Blandón Meza.

El padre Francisco Blandón Meza, era delegado de la Asociación Nicaragüense Pro Derechos Humanos y especialista en Derecho Canónico, en la Diócesis de Jinotega, fue asesinado el 8 de abril 2014. El padre Blandón Meza era conocido por su compromiso con los grupos sociales y por la defensa de los Derechos Humanos en Wiwilí. En el caso del crimen del padre Blandón, la policía lo tipificó como “crimen pasional”. Y las calumnias y burlas de parte de las verminas de la dictadura no se dejaron esperar. Ni la feligresía de Wiwilí, ni la Iglesia Católica nicaragüense, nos tragamos ni nos tragan esa historia bien montada.

Detrás de los asesinatos de los dos sacerdotes hay un trasfondo político, porque ambos fueron férreos críticos y denunciadores de las recurrentes violaciones a los Derechos Humanos, cometidas por el régimen Ortega-Murillo, en contra del campesinado y del pueblo en general.

En ambos casos, los procesos fueron viciados. Hubo muchas interrogantes que la policía nunca quiso explicar. La policía parece encubrir a los verdaderos autores intelectuales de tales atrocidades. El pueblo católico, sigue pidiendo justicia para nuestros pastores asesinados en circunstancias completamente nebulosas.

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