El Obispo despojado de su hábito

Monseñor Rolando álvarez, preso político del FSLN.

Sentado solitario, pantalón oscuro y camisa blanca, escuchando las imputaciones, parece pensar… ¡Satanás anda suelto, anda aterrorizando a un pueblo entero!

De noche y de día hay azufre en el ambiente. Hay cruces invertidas, templos saboteados y vigilados. Hay también muchos poseídos que actúan en su nombre y hacen cosas nunca antes vistas contra los humildes y los creyentes que aprendieron a rezar con las manos juntas y la mirada al altar, ante el Cristo que enseña el sacrificio y despeja el camino hacia el Padre para la salvación.

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Como en versión desesperada y actualizada del anticristo, ataca los templos católicos, se viste con trapos de sangre y luto, amenaza de muerte a los prelados y creyentes, y tatúa las espaldas y los brazos de sus víctimas con cuatro siglas infernales.

Un regreso a aquella oscura época medieval cuando una hoja no se movía si no era por la voluntad del señor feudal.

Mientras llega la sentencia, el hombre sin su hábito, dueño de su silencio, arropado de serenidad ejemplar, deja entrever su fe como diciendo: ¡Vade retro!… al mismísimo satanás y sus huestes terrenales que no paran de juzgar y recetar injusticia a los que predican la Verdad.

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