El dictador sandinista insiste en el Canal Interoceánico

En Nicaragua ya no existen ríos caudalosos.

La NASA confirmó la existencia de agua líquida en el Planeta Rojo. Acá en el nuestro, la abundancia se vuelve crítica y se dice que en un futuro no muy lejano, habrá guerras por el control del agua para poder vivir.

En nuestro país, bendecido por la Naturaleza con abundante agua, ni si quiera le damos importancia a la preservación del líquido vital. Cuencas enteras deforestadas, caudalosos ríos convertidos en criques, lagunas contaminadas, un lago sepultado con excremento humano y otro en vías de contaminación por el proyectado del canal.

Ya no hay un solo río caudaloso en la cuenca del Pacífico.

La cuenca de los lagos también afectada en caudal, recibe abundante contaminación de todo tipo y de todos lados.

Nuestras lagunas regionales son recipientes de astronómicas cantidades de desperdicios contaminantes; a simple vista, es palpable en ellas una gruesa capa de basura en la superficie y abundante sedimento plástico en capas tan gruesas que yan perdido su apariencia cristalina.

En el norte, el majestuoso Coco perdió su caudal en el curso de su nacimiento. En la cuenca del Caribe, los caudalosos ríos de antaño vierten menos agua en cada desembocadura por los despales incontenibles y la falta de control ambiental.

Ciudades de regular población como Juigalpa beben agua del Cocibolca y en un futuro no muy lejano, más ciudades tendrán que depender del lago para sobrevivir. Pero el Gobierno quiere partir el lago en dos y cavar en él, una zanja de regular profundidad.

En un tiempo, el agua potable tendrá que venir de China o quizás de Marte, donde luce pura y abundante por ahora.

Para Tales de Mileto, el agua, el fuego, la tierra y el aire eran elementos fundamentales pero es el agua el elemento que apaga el fuego, arrasa la tierra y arruina el hierro. Es nuestro líquido vital insustituible, pues alimenta la flora, la fauna y a los seres humanos.

Así es que resulta inconcebible en pleno siglo XXI, tener un mandatario y un círculo de ambiciosos, que quieran crear fuentes de trabajo, condenando de sed a los trabajadores y privando a sus habitantes de la fuente de vida que le regaló el Creador.

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