Las profanaciones a la Catedral de Managua, el 18 de noviembre de 2019 y el 3 de marzo 2020, ejecutadas por turbas sandinistas no sólo fue para tomarse el templo madre de los católicos, sino para provocar otras fechorías, que ahora son reveladas después del atentado terrorista contra la capilla y la milagrosa imagen de la Sangre de Cristo, el pasado 31 de julio.

Por razones de problemas económicos del templo y con esto de la pandemia, que se cierra la nave central y la capilla del Santísimo, las cámaras no se encontraban funcionando, de acuerdo a fuentes oficiales.

Por si las dudas, por si éstas habrían podido registrar algún movimiento del individuo–aún no identificado ni tampoco buscado por la policía– que lanzó la bomba incendiaria contra la venerada imagen, la Policía sandinista se llevó toda la información contenida en el sistema de seguridad de Catedral.

Tras esto se comprende de manera pública el por qué se mantuvo 72 horas en la capilla siniestrada la policía del régimen, cuando desde que habló la vicedictadora Rosario Murillo a pocos minutos del siniestro, ella prácticamente se adelantó a lo que sería el informe final de la investigación policial.