Por momentos, Edmundo Jarquín, una de las figuras más prominentes de la política y la oposición nicaragüense, trata de ser optimista respecto al fin de la crisis política en su país, la cual a su juicio culminará “a la vuelta del próximo año”, gracias a la presión de la calle y las sanciones internacionales.

Sin embargo, “Mundo” -como se le conoce en su país- reconoce que su país vive una profunda crisis que se ha traducido en cientos de muertes, detenciones arbitrarias y tortura.

El Diario de Hoy lo entrevistó para conocer sus visiones sobre una grave crisis política. Lee todo lo que nos contó abajo del vídeo resumen de la conversación:

¿Cuál es el estado de la crisis en Nicaragua?

Tenemos una profunda crisis política que ha tenido a su vez consecuencias económicas. Nicaragua había tenido 25 años de sostenido crecimiento económico. Los primeros 13 años de ese crecimiento se realizaron en democracia y en los últimos 12 años se configuró un régimen crecientemente autoritario que ha derivado en una dictadura. Este autoritarismo ha dado marcha atrás al crecimiento económico. Según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), en Nicaragua tenemos una profunda y extendida violación de derechos humanos.

En su último periodo de sesiones, la CIDH calificó el estado de Nicaragua como policial, en el cual existe un régimen de excepción y suspensión de todas las libertades individuales. El saldo de la crisis es de más de 500 muertos, 325 oficializados por la CIDH. Hay alrededor de 200 muertos más que ha sido imposible documentar por organismos internacionales como el Alto Comisionado de Derechos Humanos, cuya delegación ha sido expulsada por el régimen.

En resumen, tenemos una profunda crisis que se expresa en más de 500 muertos, más de 500 presos políticos enjuiciados, estamos llegando a los 50 mil emigrados y exiliados fundamentalmente a Costa Rica, Honduras e incluso reportaban que hay 200 refugiados políticos en México y otros países vecinos.

Hace décadas a los autoritarismos leves les llamaban “dictablanda”. ¿Cuándo dio el paso Nicaragua de una dictablanda a dictadura?

El punto de partida de dictablanda a dictadura con total impunidad se dio en abril tras la represión de protestas estudiantiles que acompañaron a unos jubilados que habían sido golpeados. En ese momento, esto se encadenó con todos los abusos que había cometido el régimen de Ortega contra diferentes sectores.

El crecimiento económico le había dado cierta legitimidad política en sectores populares que eran beneficiarios de los programas sociales, el sector privado y había tenido legitimidad política internacional.

En primer lugar porque pasaba desapercibido en comparación de otros casos del socialismo del siglo XXI. Ortega compartía la retórica del régimen de Venezuela pero no compartía las prácticas, sobre todo en materia de política económica. Él tenía una política económica consistente con el mercado, lo que le daba legitimidad en diferentes escalas del sector privado, pero también con instancias internacionales, como el Bando Mundial, el Fondo Monetario Internacional o el Banco Interamericano de Desarrollo, quienes mantenían una fuerte cartera de proyectos y desembolsos en Nicaragua.

Además gozaban de legitimidad en Estados Unidos, pues Nicaragua no tiene un problema migratorio ahí, porque la migración va a Costa Rica, Panamá o España.

El mismo sector privado en el fondo resentía tener que ingresar a las argollas del poder político orteguistas para poder avanzar agenda económica o avanzar sus trámites, tener acceso a licitaciones o concursar para suministrar bienes al Estado. El régimen fue acumulando agravios a diferentes sectores sociales y pasó de represión selectiva a una represión masiva.

¿Le hizo daño a Nicaragua la legitimación de diversos sectores al régimen?

Hay que decir en honor a la verdad que el sector privado siempre tuvo una agenda técnica económica y una agenda institucional democrática, que quedó formulada en los inicios del régimen de Ortega. Pero en el día a día la agenda política fue subordinada a la agenda económica. Pero no es primera experiencia en nuestra historia de un régimen de capitalismo autoritario que resuelve problemas económicos pero va ignorando la demanda política democrática. Lo tuvimos con el régimen de Somoza y al final de su régimen el ingreso per cápita de Nicaragua era las dos terceras partes del de Costa Rica y hoy no llega al 20%.

Esto empieza a ocurrir con Ortega. Este año la economía tenía pronóstico de crecimiento de entre el 4 y el 5% y va a decrecer, como lo ha señalado el FMI, en un 4%. El régimen de Ortega comienza a configurar una transición catastrófica porque necesariamente todo régimen de capitalismo autoritario tiene su fin, sobre todo en América Latina.

El sector privado de Nicaragua ha dicho que la única solución es anticipar elecciones. ¿Está a tiempo Nicaragua de una salida pacífica?

Todavía estamos a tiempo. Lamentablemente el régimen no ha dado ninguna señal en términos de que se reanude el diálogo nacional, suspendido en junio cuando Ortega retomó la ofensiva para el control territorial a través del uso de la policía y paramilitares. Todos los sectores, la conferencia episcopal, el sector privado, la oposición política, el movimiento campesino y la sociedad civil están insistiendo en una solución política pacífica negociada y obviamente eso implicará un adelanto de las elecciones. No es la primera oportunidad de que en una crisis Nicaragua adelanta las elecciones. Así pasó al finalizar la guerra civil de los años 80, cuando el régimen sandinista adelantó las elecciones.

¿Qué tanto pueden ser un punto de inflexión las sanciones de Estados Unidos a altos funcionarios del régimen?

Hay una presión de Estados Unidos y el aislamiento total e internacional que está sufriendo el régimen de Ortega. Este miércoles también se realizó la presentación del tercer informe del grupo de trabajo integrado por 12 países sobre Nicaragua, que es un grupo formal del consejo permanente de la OEA (donde se pidió convocar elecciones y una reforma electoral). Ortega solo está respaldado por tres o cuatro países de América Latina y para de contar porque no hay muchos otros regímenes que lo apoyen a nivel internacional.

Las sanciones de los Estados Unidos y el aislamiento internacional coadyuvan el hecho de que las causas para protestar han aumentado. Nicaragua es hoy por hoy ingobernable.