Por Tino Pérez
Los OrMu habían inventado un “pueblo presidente” para su mundo de utopías chamucas. Lo instaban por los canales de tv de la familia, a “vivir bonito, limpio y sano”. Lo sacaban a pasear en buses descapotados, le pintaban los parques de múltiples colores, le regalaban Wi-Fi, le suministraban láminas de zinc, frijoles y bonos solidarios, le adelantaban el sueldo y las vacaciones, le mandaban a poner arbolatas por todos lados y grandes fotos suyas como benefactores de una patria nueva; ambos con sendas sonrisas y puños levantados, para que ese pueblo se imaginara lo demás.

Algunos idiotas se creyeron el cuento, y ellos dos, se llenaron de ínfulas mesiánicas en pleno siglo XXI. Entre más pasaban los días, sus arengas eran más angelicales; ella usaba más collares, más anillos y exóticos vestidos; él predicaba con más pausa y el mismo acento aprendido; mandaban a levantar altares y nacimientos en la avenida del santo mayor y se sentían “padres” de toda la nación.

Un día de tantos, después del humillante decreto para parchar el saqueo del INSS, el “pueblo presidente” se hizo disidente y ellos jamás lo perdonaron. Un joven estudiante, con pañuelo azul y blanco amarrado al cuello, los sacó de quicio; sus arbolatas comenzaron a caer y muy enojados, le cambiaron el calificativo a su pueblo: de “presidente” fue degradado a “minúsculo” y luego a “vandálico”.

Así ha transcurrido un año y tres meses desde aquel despertar, soportando mucho de esa cólera, de ese rencor, de esa venganza. El pueblo disidente, “vandálico” y “minúsculo”, había puesto su esperanza en los tranques como medio de presión para bajarlos de la nube, que repasaran la historia, que mostraran humildad; pero en ellos, la respuesta fue diabólica, desataron las fieras para ensangrentar más calles, llenar más cárceles, forzar exilio y poblar más los cementerios.

Ahora, la otra Nicaragua sabe que sus prédicas de “amor a Nicaragua” sólo significaban sangre y luto con cuatro letras en blanco… “El gobierno que abusando del poder practica la Guerra Represiva, sólo consigue conducir a los peces allí donde hay más agua” había expresado el sanguinario Mao Tse Tung en aquella China transformada por la hoz y el martillo.

El 19 de julio, Zekeda y su mujer, con chamarra y estrafalaria indumentaria respectivamente, subirán al estrado atestado de barra partidaria traída de todos los rincones del mundo chamuco para enfatizar su poder y enmarañar a los bobos, a los hijos de esa involución que comenzó 40 años atrás.

Y la otra Nicaragua azul y blanco, ya despierta y sacrificada, tendrá que renacer de las cenizas como el Ave Fénix, sin caciques ni caudillos, sin ejército ni cuerpo policial pretorianos, sin pandilleros, sin politiqueros metalizados y sin zancudos ni reptiles para comprimir el tiempo por todo lo desperdiciado y nunca más, perder su identidad que debe ser de trabajo y honor, como reza su himno nacional.

Ellos ya pertenecen al basurero de la historia, mientras la justicia y el sentido común, se abren paso para desterrar el mal y abonar la semilla fértil de tanto sacrificio por algo mejor. Y eso es ya un avance en un largo recorrido por una nueva oportunidad.