Nicaragua: Los intelectuales anestesiados por el poder

Los intelectuales gubernamentales (personas que se dedican a las letras o a las ciencias) producen y transmiten conocimiento. Tienen la función social de: asegurar la reproducción de un modo de ver el país y de organizar la vida en función de la cosmovisión del gobierno. Aceptan, a regañadientes y en privado, que no ha habido la “golpe de estado” ni aceptan que la crisis sociopolítica sea un fenómeno genuino.

Los intelectuales gubernamentales mantienen una relación fundamental y estructural (no fortuita o contingente) con la nueva clase y/o con el partido de gobierno. Algunos hombres de letras, periodistas, escritores, pintores o artistas y profesionales en general, prefieren acomodarse al sistema del que reciben satisfactorios beneficios.

Los intelectuales gubernamentales están al servicio de las elites dominantes, del poder establecido, construyen y difunden una visión de la nación que equipara los intereses del grupo dominante en el poder con los de toda la sociedad. Están a favor de la verticalidad del poder que implica una centralización de la autoridad y un gobierno autoritario devenido dictatorial.

A través del aparato de educación y de los medios oficiales de comunicación difunden esas concepciones y, de ese modo, facilitan el funcionamiento del sistema dictatorial. Son constructores y organizadores de la persuasión y del consenso oficial y, por lo tanto, participan activamente en la vida pública, lo que no excluye competencias y golpes bajos entre ellos.

También cumplen otra función: tratar de descalificar aquellas interpretaciones contrarias a la versión oficial y, en caso extremo, legitimar el uso de la violencia del Estado en contra de los movimientos sociales para asegurar el orden social autoritario/dictatorial. Piensan que, en momentos de crisis, no funciona el discernimiento y el pueblo busca “salvadores” que para ellos encarnan Ortega-Murillo.

Los intelectuales gubernamentales aparecen como los más influyentes (porque así los presentan los medios masivos de comunicación del gobierno, la propaganda oficial, los premios, honores, nombramientos, canonjías, prebendas y recursos otorgados por el Estado). Algunos de ellos, desde su tribuna descalifican al movimiento social, aplauden las acciones del gobierno, justifican la represión indiscriminada contra la población y presentan al régimen como necesario, ineludible e irreemplazable.

En el gobierno Ortega-Murillo puede haber santos y pecadores, serviles y decentes, honestos y corruptos, pero lo que más me preocupa son los personajes anestesiados por la mundanidad, la frivolidad y el dinero. Personalmente le tengo más miedo a los anestesiados que a los dormidos. Aquellos que se anestesian con la mundanidad y privilegios. Entonces claudican ante el dinero fácil y los favores del dictador.

Los anestesiados no se han atrevido, o no han querido, denunciar o poner coto a los ilegítimos privilegios de sagas y castas, que ejercen sectores de la vieja oligarquía, la burguesía tradicional y la nueva clase por los favores, privilegios o exoneraciones que les otorga el gobierno dictatorial, llegando inclusión a mirar para otro lado, dejando que estos perpetúen sus privilegios y leguen a sus vástagos concesiones del Estado.

El anestesiado tiene contacto con la gente, pero no ve o no quiere ver la realidad. No quieren ver las actividades empresariales opacas que realizan los miembros de la nueva clase, así como las prácticas corruptas de algunos funcionarios y los favores en beneficio de personas o empresas ligadas a los diferentes sectores de la clase dominante (oligarquía, vieja burguesía y nueva clase). Están anestesiados. Y hoy día hay tantas maneras de anestesiarse en la vida cotidiana.

La enfermedad más peligrosa que puede tener un profesional y/o un intelectual proviene de la anestesia.

San José/Costa Rica, 31 de enero 2019.