1. El régimen Ortega-Murillo tiene miedo a los líderes naturales de las protestas sociales y sobre todo de las movilizaciones del pueblo en las calles en las ciudades y en los municipios del todo el país. La presencia policial y de los paramilitares por todos lados es resultado de ese miedo.

2. El régimen Ortega-Murillo conoce mejor que nadie la extensión de la insurrección cívica del año pasado 2018. Ellos conocen las fuerzas de los tranques, de las manifestaciones multitudinarias en las ciudades, ellos mismo las utilizaron para obtener cuotas de poder y para gobernar desde abajo.

3. Ellos saben que no basta tomar prisioneros a los líderes locales; ellos están al corriente que obligar a las personas que permanezcan en sus casas, no es suficiente para adormecer a la población. Ellos conocen que las protestas desencadenan el furor y la ira popular que bota dictadores.

4. El Obispo Mata dice que el caldero esta por estallar, eso implica que él visualiza que hay otras personas dispuestas a liderar la oposición. Mata dice lo que todos sabemos, que hay una presión social que puede desbordarnos a todos, incluyendo al gobierno y a los poderes fácticos. Lo que no sabemos es cuándo.

5. El problema central es que si esa presión social vuelve a ser espontánea y sin liderazgo nacional no terminara en nada bueno para el país. Un liderazgo político-social es necesario para darle una orientación a la lucha, ese liderazgo era asumido por el Obispo Báez.

6. En el 2018, los líderes de los tranques pensaban que no era necesario una coordinación de la protesta; uno año después, todos los líderes locales dispersos están de acuerdo en un liderazgo táctico y estratégico coordinado para enfrentar a la dictadura.

7. Un liderazgo es necesario para darle fuerza a los autoconvocados en las negociaciones sobre una salida de la dictadura. Salida que tiende a no ser un “aterrizaje suave” por la intransigencia del régimen.

8. El exilio de Báez deja, transitoriamente, al movimiento social acéfalo, su exilio debilita temporalmente a la insurgencia; sin embargo, ya el pueblo ha aprendido de la necesidad de una coordinación política unificada.

9. Los líderes políticos de oposición tradicional están fuera de juego, son cartuchos quemados, fueron pulverizados desde el año pasado.

10. La estrategia equivocada del gobierno basada en la obcecación, de no ceder nada, de atrasar el cumplimiento de los acuerdos, de promocionar el exilio de Báez y la represión generalizada favorece a la posibilidad de un nuevo estallido social incontrolable.

11. Sorprende que los poderes facticos, pienso en el gran capital y el ejército, no vean que su falta acción concreta, su neutralidad pasiva, va en contra de sus propios intereses particulares ya que favorece la tendencia hacia un “aterrizaje catastrófico” como la salida más probable a la dictadura Ortega-Murillo.

12. En una salida violenta se conjugarían variables que sabemos dónde comienzan, pero no dónde terminan. Pareciera que el régimen apuesta a esa solución.

13. Sin embargo, una solución violenta de la crisis no dejaría intacto, sin fisuras profundas al ejército ni al gran capital, ni a la “nueva clase” ni al régimen Ortega-Murillo.

San José/Costa Rica, 28 de abril de 2019.