Tino Pérez – La presencia de los enemigos legitimistas en San Jacinto era un inconveniente serio para el abastecimiento de víveres, y cuando la situación fue conocida en Granada, un gran número de voluntarios se presentó para ir a desalojarlos de la casa que ocupaban en ese lugar.

El estado de los caminos hacía casi imposible enviar artillería contra San Jacinto, aún cuando hubiese las balas y proyectiles necesarios para emplear con provecho un cañón contra adobes. Se creía generalmente en Granada, que los rifleros de McDonald se habían retirado demasiado pronto, opinión debida a la excesiva falta de disciplina en los cuerpos. En vista del entusiasmo de algunos oficiales y ciudadanos, muy deseosos de conocer mejor la fuerza del enemigo del otro lado del Tipitapa, convine en que se organizase un cuerpo de voluntarios para un ataque sobre San Jacinto.

Los voluntarios eran en su mayor parte americanos que habían formado parte del Ejército, habían sido dados de baja, o habían puesto su renuncia, elevándose su número a unos sesenta y cinco o setenta con oficiales que se les agregaron en Granada y Masaya. Entre los oficiales agregados, se destacaban: el Mayor J. C. O´Neal, los Capitanes Walkins, Lewis y Morris y los Tenientes Brady, Connor, Crowell, Hatchins, Kiel, Reader y Sherman.

Salieron de Granada en la tarde del 12 de septiembre y pasando por Masaya, llegaron a Tipitapa en la mañana del 13. Allí ofrecieron el mando de la expedición al Teniente Coronel Byron Cole, que había recorrido varios puntos de Chontales en busca de ganado para el ejército, y aceptó el ofrecimiento. Segundo en mando fue nombrado Wiley Marshall, ciudadano de Granada. Puede juzgarse del espíritu aventurero que inspiraba, no sólo a esos hombres sino a muchos otros en Nicaragua, de que, en esa organización improvisada, el Mayor O´Neal consintió en recibir órdenes de Marshall, un simple ciudadano.

Cole y su columna llegaron a la vista de San Jacinto como a las 5 de la mañana del domingo 14 de septiembre. La casa estaba bien colocada para la defensa sobre una pequeña elevación que dominaba el terreno a su alrededor. Cerca de la casa había un corral, cuyos lados ofrecían protección contra las balas. Cole hizo alto por algunos minutos para revisar su plan de ataque; y dividiendo sus fuerzas en tres cuerpos, dio el mando del primero a Roberto Millingan, ex Teniente del ejército; el del segundo al Mayor O´Neal, y el del tercero al Capitán Watkins.

El ataque debía hacerse por tres puntos diferentes, debiendo servirse con preferencia, de revólveres. Tomadas esas disposiciones, los cuerpos recibieron la orden de atacar el punto asignado a cada uno.

La orden fue ejecutada valientemente, ya Cole con Marshall y Millingans habían ganado el corral, cuando fueron derribados por el fuego bien dirigido del enemigo. O´Neal fue más afortunado, recibiendo tan sólo una herida en el brazo, mientras que Watkins quedó fuera de combate por una herida en el costado. Así, casi simultáneamente y cuando los hombres se encontraban a pocas varas de distancia de la casa, todos los jefes y casi un tercio de la fuerza, cayeron muertos o heridos. Entonces los demás, viendo que ya nada podía hacerse con lo que quedaba, se retiraron llevándose a los heridos, y en pocos minutos ya iban en plena retirada hacia Tipitapa. Así es que, en la atrevida e inútil carga que se dio sobre San Jacinto, pereció Byron Cole, cuya energía y perseverancia había contribuido tanto a la venida de los americanos a Nicaragua.

También fue la primera oportunidad que tuvo de estar bajo fuego y apenas si había visto el fogonazo de un fusil enemigo cuando encontró la muerte. La retirada de los voluntarios de San Jacinto fue irregular y desordenada, y la llegada de la columna derrotada tuvo un efecto desastroso en las tropas de buena clase que tenía McDonald. El pánico fue tan grande, que destruyeron el puente para impedir que sirviese al enemigo. Pero el enemigo no apareció y poco a poco cesó la alarma.

Sin embargo, la noticia de la defensa de San Jacinto dio gran animación a los aliados y tan pronto fue sabida en León, Belloso, animado por algunos de sus oficiales más resueltos decidió marchar sobre Granada.”

Los analistas e historiadores serios, no se explican por qué, El General Estrada no ordenó una persecución para aniquilar completamente a los remanentes filibusteros en desbandada. También, la versión de Walker no es acertada con referencia a Byron Cole, quien no murió en San Jacinto, sino que fue ejecutado por unos campesinos que lo encontraron escondido dos días después, en unos matorrales durante la desbandada de los atacantes hacia Tipitapa.

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