1. Ante nuestros propios ojos, la democracia imperfecta de los años 1990-2006 fue suplantada, a partir de 2007, por la autocracia de Ortega-Murillo que hizo añicos a todos los partidos políticos tradicionales y las leyes. Hoy la burguesía tradicional y la vieja oligarquía no gobiernan directamente; están sometidos a Ortega-Murillo y a sus bandas armadas.

2. No obstante, la clase dominante tradicional permanece intacta, ya que ha mantenido y fortalecido todas las condiciones de su hegemonía económica. Al expropiar políticamente a la clase dominante tradicional, de manera parcial, Ortega construyó su régimen dictatorial.

3. La clase dominante tradicional aguantó al régimen dictatorial porque lo necesitaba para obtener ganancias extraordinarias. La hegemonía de la clase dominante tradicional está en peligro, pero no ha desaparecido. Ahora presionada, trata de recuperar la estabilidad económica para recobrar su tasa de ganancia.

4. Los privilegios materiales de la nomenclatura gubernamental han crecido como la espuma. La nueva oligarquía devora, derrocha y roba una porción considerable de la renta nacional. Ocupa en la sociedad una posición privilegiada, no sólo porque goza de prerrogativas políticas y administrativas, sino, además, de enormes ventajas materiales y económicas. Su administración le cuesta muy cara al país.

5. Para decirlo de manera sencilla, en la medida en que la nueva oligarquía le roba al pueblo y lo hacen de distintos modos, estamos frente al parasitismo social a gran escala. Por sus rasgos de parasitismo, la nueva oligarquía se asemeja al lumpen social que impide el desarrollo de la nación.

6. El ulterior crecimiento desenfrenado del parasitismo de la nueva oligarquía condujo, inevitablemente, a la detención del crecimiento social, político y cultural, a una crisis social y al hundimiento de toda la sociedad.

7. La nueva oligarquía parasitaria, para mantenerse en el poder, ha permitido el surgimiento de un sector social: la mara paramilitar y policial que roba, reprime y asesina con impunidad.

8. La camarilla parasitaria de la nomenclatura gubernamental tiene todos los vicios de la clase dominante tradicional, sin tener ninguna de sus “virtudes”: estabilidad orgánica, ciertas normas morales, leyes que funcionan, etcétera.

9. Como sabemos, las raíces sociales de la nueva oligarquía parasitaria están implantadas en sectores populares, como herencia de la revolución social de los años ochenta; por lo tanto, goza de su apoyo activo, o por lo menos de su tolerancia.

10. En el futuro inmediato, el régimen enfrentará conflictos internos con el incremento de la contracción económica y sus negativos efectos sociales, y, de esta contradicción, se descompondrán también sus propias filas. Es decir, la organización política del régimen se desarreglará más y más, a medida que la recesión se profundice, y, en la misma medida, el régimen recurrirá a las herramientas políticas que tiene a mano: los partidos comparsas y las bandas armadas.

11. La crisis sociopolítica revela con notable claridad que el régimen Ortega-Murillo utiliza diferentes herramientas políticas. Los partidos comparsas es una de sus herramientas, los paramilitares es otra. Los ponen en movimiento de acuerdo a sus necesidades, algunas veces contraponiéndolos unos a otros; otras veces combinándolos. Luchar contra la dictadura aliándose a los partidos comparsas, es lo mismo que hacerle el juego a la dictadura.

12. Para Ortega-Murillo la política interna está relacionada con la política internacional. Para ellos, la lucha por la preservación del poder pasa por la derrota de las fuerzas sociopolíticas internas, con el objetivo de disminuir la presión internacional.

13. Por lo tanto, los problemas políticos internos los quieren resolver con el accionar de las bandas armadas y con la neutralización de la Alianza Cívica en las negociaciones. Por eso trabajan, de manera ininterrumpida e infatigable, en ambas direcciones.

14. El ejército es la quintaesencia de un régimen, no porque exprese las “mejores cualidades”, sino porque refleja más sus tendencias positivas y negativas con respecto a la sociedad. Cuando las contradicciones y el antagonismo del régimen llegan a agudizarse de un modo determinado, éstos comienzan a minar al ejército —el órgano más disciplinado del régimen— y a fisurarlo por las contradicciones internas, siendo esto un claro indicio de la intolerable crisis de la sociedad misma.

15. Desde el momento en que el régimen logró aplastar toda manifestación pública de los ciudadanos por el accionar de los paramilitares, parapoliciales y las bandas armadas con la “neutralidad” cómplice del ejército, Ortega logró transformar al ejército en un instrumento de su propio dominio. El ejército ha sido transformado en un instrumento de defensa de los privilegios de la nomenclatura.

16. Sin embargo, las cosas no se detuvieron ahí. La lucha entre la estrecha camarilla militar pro-Ortega y los militares con mayor independencia, autoridad y talento, dedicados a los intereses genuinos de la institución castrense y el respeto de las leyes, condujo a la decapitación de los militares democráticos y no incondicionales a Ortega. Es decir, el régimen, por mantenerse en el poder, subordinó a la policía y degradó al ejército.

17. La nomenclatura en el poder, comenzando por Ortega, se ha depravado a través de la impunidad, la falta de control, la corrupción y la represión. En sus discursos encontramos, a cada paso, no solamente contradicciones políticas sino también deformaciones de los hechos, por no hablar de las mentiras, de la superficialidad y de las repeticiones. El régimen entró, definitivamente, en una etapa de descomposición y decadencia.

18. En el curso de los últimos años, Ortega ha llegado a ser, en el sentido absoluto, el “capo supremo” de la nomenclatura parasitaria gubernamental. No permite el más ligero disenso interno porque no es capaz de defender su política con un solo argumento convincente. Está obligado a estrangular desde su nacimiento cualquier desacuerdo dirigido contra su despotismo, su nepotismo y sus privilegios, y a proclamar que cualquier desacuerdo es traición y falsedad.

19. La agudización de la recesión económica y la presión internacional pueden crear las condiciones para que el régimen y los poderes fácticos lleguen a un arreglo de cualquier tipo entre ellos; aprobando leyes especiales, más toda clase de medidas y toda clase de censuras “democráticas” para asegurar el pacto.

20. La actual estructura política del régimen dictatorial no va a entregar el poder, hay que quitárselo. Para evitar la catástrofe social y económica hay que estrangular políticamente al régimen. Cualquier otro método será una ficción, una ilusión, una mentira.

21. No se puede escapar de las trágicas situaciones históricas por medio de triquiñuelas, frases huecas o piadosas mentiras.

San José/Costa Rica