La policía sandinista se agota cazando fantasmas

Por Filadelfo Alemán
La Policía Orteguista se encuentra enfrascada en una absurda guerra de sombras que terminará por agotarla. Ya cumplen siete meses combatiendo un supuesto complot para derrocar al régimen. Armados hasta los dientes realizan una guerra abierta contra todo y todos.

Nadie los amenaza. Nadie anda armado. Ni siquiera se les ofende verbalmente. El colmo es que arrestaron a dos jóvenes porque uno de ellos supuestamente les ofreció un plato de comida. Ven enemigos por todas partes. Cualquier ciudadano es sujeto a aplastar. Patrullan las calles sin control. Entran en las casas, en los comercios y son el azote en el campo.

Sin querer ofender al caballero de la triste figura, los armados de Ortega pelean contra molinos de viento imaginarios. Ven en cada ciudadano a un gigante armado de cañones. Llevan una guerra absurda que terminará por agotarlos. Terminarán por sentirse defraudados.

Un plan policial llamado “paz, armonía y buena voluntad” espanta a los clientes en los centros comerciales. La Policía teme al inofensivo maratonista Alex Vanegas y lo encierra por “peligroso”. Temen que Doña Coquito pueda convertirse en Rambo.

Encarcelan mujeres, niños ancianos sin ninguna razón y les inventan cargos. Esgrimen sus fusiles en las rotondas en espera de un Ejército imaginario. El gobierno entero vive en una real paranoia. Sufre delirio de persecución y en esa demencia todos estamos en peligro, incluso ellos.

Qué será de los policías cuando descubran la mentira que están viviendo? Qué será cuando se cansen de cazar fantasmas y cuando descubran que hasta sus propias familias y ellos mismos resulten sospechosos de conspirar.

Qué será de ellos cuando el Comandante Zekeda no zekede y se vaya dejándolos sólos como hizo Somoza.