Se defiende, esencialmente, respetando los derechos humanos de los pueblos y la dignidad de toda persona humana. La paz se defiende respetando la libertad y la justicia de toda la ciudadanía; sin excepción, no sólo dando espacios a un segmento privilegiado de seguidores de los que están en el poder.

La paz es mucho más que la ausencia de la guerra.

Ningún pueblo que en realidad respira libertad y que no se siente amenazado, busca gratuitamente ser rebelde. Las naciones que se alzan contra las autoridades ilegítimas, lo hacen precisamente, para buscar la paz.

Por ello, cuando hay opresión, la rebeldía ciudadana es una obligación moral de toda persona que rechaza la esclavitud. De ahí que nuestra rebeldía azul y blanco (que es no-violenta y de resistencia cívica) tiene su fundamento en la Constitución, en la declaración universal de derechos humanos, y en el derecho ancestral de los pueblos a sublevarse contra las autoridades ilegítimas.

¡La paz sin libertad, es la paz de los sepulcros!