Ante los casi 700 presos políticos de la dictadura sandinista ¿Cómo será tu Noche Buena?

La compasión es colocarnos por un instante aunque sea, en la piel del que sufre. Un ejercicio que, cerrando los ojos, nos transportará a la Nochebuena de los familiares y seres amados de los que no tendrán una cena en familia esta Navidad. Porque el hijo, el padre, la madre, el amigo, han sido privados de voz, de miradas, de camas suaves, de ducha tibia, de abrazos, de suspiros y sonrisas, de hogar, de patria… de la vida misma.

Con un toque de edición, todo lo expuesto a continuación es basado en hechos reales. He aquí unos pocos ejemplos de lo que a diario acontece en las cárceles de El Chipote en Managua, Nicaragua:

“En El Chipote, lo único que se tiene es el amor entre los que estamos ahí… el apoyo y la esperanza de salir con vida”.

“En El Chipote, las celdas son infrahumanas”.

Hay tres niveles y en el primero que es el más leve, no pueden sentarte, menos arrecostarse… pasan de pie hasta 48 horas, esposados a un compañero, de tal manera que, las manos se moratean por falta de circulación.

En el nivel dos las celdas son húmedas, sin luz natural porque la ventana está cubierta por fuera con un plástico. Hay una rendija que hace posible una pizca de claridad artificial porque afuera de la celda, permanece encendida una bujía. Los cuelgan de las muñecas esposadas hasta perder el contacto con el piso y como piñata, los golpean con las chachas o con armas.

En el tercer nivel, muchas celdas están anegadas de aguas revueltas; aguas de goteras, de las cañerías rotas y de las cloacas. A veces les llega hasta la cintura y así permanecen por varias horas. Las ratas han aprendido a nadar y muchas veces se disputan los espacios. Cuando las aguas se achican, los rincones secos son compartidos con los alacranes, las pulgas, las cucarachas que lucen más saludables que los prisioneros y por supuesto las ratas no faltan.

En El Chipote cuando los golpean y les cubren el rostro con bolsas plásticas hasta casi asfixiarlos y gritan de dolor o terror, los guardias les dicen que así como eran de valientes y fuertes cuando gritaban contra el Comandante, así mismo los quieren ver y escuchar. Y siguen torturándolos, muchas veces hasta el desmayo o las convulsiones.

A las mujeres, en El Chipote, las amenazan con violarlas si no hablan… hablar significa decir lo que ellos quieren escuchar e inculpar a quienes ellos desean inculpar… hay casos de violaciones masivas y casos de toqueteo y manoseo. “Es denigrante para cualquier ser humano”…

En El Chipote, las infecciones y enfermedades pululan. Un muchacho está invadido de diviesos. Le comenzó en una pierna y ahora los tiene hasta en sus partes íntimas. Y como los abscesos no le permiten caminar rápido, los golpes no se hacen esperar.

En El Chipote les arrancan uñas y dientes. Y recuerdo el testimonio de aquel muchacho que lo violaron con un mortero y luego se lo martillaron con la culata de un rifle.

Hace poco, uno de los chavalos recitó un poema de amor a Nicaragua y el castigo fue aislamiento total acompañado de golpes, manguerazos de agua a medianoche, oscuridad absoluta, hambre y sed.

En El Chipote, aún los alimentos que les llevan con gran sacrificio las familias, los carceleros los dejan un buen rato en el sol para que se “choqueen”. Es tanta el hambre, que como purgante hay que tragarla. Luego vienen las terribles y hasta sangrientas consecuencias. Y como si no bastara con los frijoles “chocos” y llenos de gorgojos, salpican los alimentos con pedazos de plástico y metal. Un chorro de agua insalubre es el único recurso para calmar la sed.

El Chipote es el antro de las dictaduras crueles. Construida por Somoza a la medida de Ortega; es un pedazo de infierno en nuestra propia patria. Sin embargo, como en Nicaragua, hay más cielo que infierno, tengo fe de que pronto vendrá el tiempo bajo el sol donde, neutralizados los demonios, acabose el Chipote.

Mi Navidad será de recogimiento y solidaridad. Y cuando me siente a la mesa en Nochebuena, cada uno de mis hermanos muertos, prisioneros, desaparecidos y exiliados, tendrán un espacio en mi corazón; y encenderé las velas y mi plegaria al cielo será por ellos, por sus seres amados y por nuestra pronta y ansiada Libertad.

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LCHC