Tino Pérez – Sin capacidad de vuelo largo y permanente como el albatros, esa ave legendaria que los marineros adoran y de la que se ha dicho que es capaz de dormir mientras vuela, la pobre gallina sólo puede volar bajito y corto.

Así han lucido los ejércitos de Nicaragua a través del tiempo, efímeros en sus existencias, con vuelo de gallina. Con la reforma constitucional orteguista, el actual Ejército se convirtió en uno más de tantos ejércitos temporales porque es manoseado, más de lo normal, por el dictador actual ávido de absoluto control.

¿De qué sirvió la profesionalización del Ejército de Zelaya y sus logros técnicos y tácticos en la región si desapareció con su partida en 1909?

¿Para qué fue el cambio impuesto en El Espino Negro si el nuevo ejército se desmoronó con el anuncio de la partida de su jefe en julio de 1979?

La misma masa descomunal del EPS se desbandó cuando se anunció el triunfo de doña Violeta en 1990. Se ha demostrado históricamente, una y otra vez, que los ejércitos partidistas no son garantes del destino nacional cuando se vuelven guardianes de un mandatario ciego y ávido de poder.

En este país se padece de ceguera y sordera en proporciones descabelladas y este Ejército y esta Policía rojinegros que se autodenominan nacionales, comandados por individuos sin visión, prefieren volar como las gallinas: en su propio patio, en vez de remontar los aires y desafiar el tiempo y la extensión como el legendario albatros.

En el pasado, un conocido crítico calificó a la extinta Guardia Nacional como <Guardianes de la Dinastía>. Hoy en día, cualquier crítico imparcial, calificaría al Ejército y la Policía de hoy como <Guardianes de los OrMu>. En los anales de aquella institución hay abundantes pruebas de miembros con visión que intentaron cambiar el rumbo mediante actitudes y rebeliones internas para rescatar a la GN del control de la familia en el poder.

Hoy en día, la pleitesía y la sumisión hacia los OrMu es vergonzante y decepcionante. Avilés y Díaz son insustituibles en sus cargos porque llevan la voz cantante de tal aberración institucional. Ni Policía ni Ejército muestran el menor empeño por convertirse en organismos nacionales en vez de partidarios, tristemente alineados al dictador y manchadas de sangre con esa fidelidad equivocada, fidelidad que le da alas al tirano para sentirse poderoso y dueño del país.