Ortega-Murillo: la utopía desfigurada

1. Los acontecimientos posteriores a abril de 2018, permiten de alguna manera desnudar y ver de frente las entrañas del poder autoritario. Ese estilo de imponerse entre las elites conforma la raíz medieval sobre la cual se ha construidos nuestras instituciones y muchas formas contemporáneas de hacer política en el país. Todo parece indicar que algunas serpientes sobreviven, son el rostro desfigurado de la utopía.

2. El gobierno Ortega-Murillo ha entrado en una fase de derrumbe con una catástrofe social, política y económica. La nueva clase avanzó triunfante enormes distancias, pero no pudieron llevar hasta sus últimas consecuencias con su modelo dictatorial: quedó en utopía, la utopía de una minoría minúscula ultrarrica, poderosa, con un centro estratégico e imperial de mando en el dúo Ortega-Murillo. La construcción del sistema político autoritario incluyó, además, la subordinación de los partidos políticos subsidiarios.

3. El gobierno Ortega-Murillo no es la segunda etapa de la revolución de 1979 y el partido de gobierno se ha transformado en una secta uniforme y dogmática en donde Ortega exigen obediencia y ejerce su autoridad sin discusión alguna. El partido de gobierno se ha transmutado en una maquinaria rígida, inflexible, estricta, reaccionaria.

4. Los errores del gobierno Ortega-Murillo en las políticas públicas se producen con mayor frecuencia y manifiestan el deseo de instaurar un régimen dictatorial. Estos errores son debidos a las mayores dificultades para crear consenso en sus decisiones autoritarias a los otros poderes fácticos. A mi entender, es un síntoma del declive y cuya característica psicológica es una reactiva arremetida con los movimientos sociales y a sus dirigentes más visibles, debido a la paulatina pérdida de poder.

5. La utopía dictatorial de Ortega-Murillo quedó a medio camino; al sistema político autoritario le surgieron movimientos sociales emergentes insumisos, que buscaban sus propios espacios sociopolíticos. En tanto, el poder autoritario, como medio de control, se debilitó.

6. La actual recesión económica produce un aumento de la precariedad laboral, más desempleo y una pérdida de la capacidad adquisitiva de la población. Sin embargo, para el gobierno Ortega-Murillo, el tema del empleo no es central, precisamente porque su táctica, en el momento actual, es la implementación de la represión indiscriminada para aplastar y/o neutralizar a los líderes del movimiento social.

7. La crisis económica, a su vez, debilita aún más al poder autoritario; reforzada por los estacazos que la comunidad internacional que intentan romper la columna vertebral del poder de la dictadura.

8. Hay una dialéctica de poder y debilidad de la dictadura. El poder militar es innegable (policía, ejercito y paramilitares), pero hay debilidades estructurales (recesión económica, deterioro del tejido social, etcétera) que no permiten fácilmente consolidar su utopía a Ortega-Murillo. Por eso tienen que negociar.

9. Ortega-Murillo quieren negociar. Pero no quieren negociar con la verdadera oposición; busca como negociar con los partidos tradicionales. Sin embargo, negociar con los partidos comparsas no arregla nada y es no políticamente conveniente para una salida de la crisis. Con ese diálogo no lograrían normalizar el país, ni se comenzaría a resolver la crisis económica.

10. Ortega-Murillo no parece tener otra salida que intentar por todos lados inducir una mayor crisis con el objetivo de forzar una salida que le permita conservar una cuota de poder. De ese cataclismo piensan, Ortega-Murillo, que pueden emerger como poder fáctico preponderante. Esa puede ser la hipótesis que orienta las decisiones del gobierno, lo muestra la política represiva indiscriminada que han estado disponiendo Ortega-Murillo, haciendo a un lado la espesa urdimbre de las relaciones internacionales.

11. Si tal es el caso, queda claro: que el gobierno Ortega-Murillo ha tomado una decisión, con tal nivel de riesgo, que puede provocarle desde la pérdida total de su poder, y/o la fragilidad de su presente para negociar una salida satisfactoria a sus intereses.

12. Ortega-Murillo están profundamente inmersos en esa estrategia; pero, no toman en cuenta la rebelión que se está gestando por el empobrecimiento de amplias capas sociales debido a la profundización de la crisis económica en curso. Sin embargo, el miedo lo siguen utilizando como mecanismo de control. ¿Le dará resultado?

13. Hoy amplios sectores sociales tienen como horizonte de posibilidad recuperar, pero ahora bajo las condiciones sociopolíticas actuales, los derechos humanos establecidos por las leyes nacionales e internacionales.

14. Aun de mayor importancia resulta que el movimiento social ponga su impronta profunda en la gran crisis sociopolítica en curso. Después de seis meses de resistencia, los movimientos sociales han adquirido plena conciencia que sus derechos plenos solo pueden ser recuperados con la separación del poder de Ortega-Murillo.

15. Esperar que el establishment político basado en el poder autoritario cambie, es pedirle peras al olmo. El cambio vendrá de las movilizaciones populares. El cambio vendrá de las alianzas entre los diversos movimientos sociales que compartan el rechazo al Estado autoritario, no democrático, no social, tan corrupto, no distributivo y tan insensible a la problemática ambiental.

16. En un mismo haz de derechos esenciales debiera estar la educación, la salud, la defensa de la naturaleza, la defensa de la tierra para los campesinos, la preservación del Lago Cocibolca como la riqueza hídrica más importante del país y el encauzamiento de las tecnologías en favor del bienestar material de los excluidos. Las alianzas entre todos los movimientos de los autoconvocados resultan ineludibles para alcanzarlo.

17. Transformar la vida pública desde la opción política fue la gran aspiración de la generación de la Revolución Social de 1979. Bregar por el cambio social hacia algo mejor implicaba para el espíritu de esa generación ingresar en un partido político, luchar por conquistar el poder y transformar, desde el poder, la cosa pública.

18. Hoy, para la nueva generación que lucha contra una nueva dictadura, las cosas han cambiado sustancialmente. Y no sólo porque han caído en la cuenta de que lo público no es sólo cosa de los políticos, sino porque han palpado que la lucha es de todos los ciudadanos.

19. Ningún esfuerzo democrático tendrá sentido si no abre paso a la plena democracia, refuerza la participación popular y derrota definitivamente la utopía dictatorial/dinástica de Ortega-Murillo.

San José/Costa Rica, 24 de octubre de 2018.