El tirano se vuelve intransigente porque está sitiado… los bienes, la fortuna, las cosas materiales lo vuelven torpe y pesado. No puede despojarse de lo que posee y tiene que defenderlo a capa y espada, contra viento y marea.

Otros dictadores en el pasado, optaron por el desapego, pero éste, es incapaz de abandonar su pequeño mundo de abundancia; su estrecha visión no lo hace despegar, la enfermedad de poder y la codicia lo redujeron a simple piltrafa humana.

Aferrándose a lo que tiene y olvidando la temporalidad irreversible de la vida, ha erigido su propio pedestal a base de sangre, lágrimas y sufrimiento del pueblo que una vez se creyó conducir. En sus “discursos de endemoniado enredo”, como dice Rubén en Los Bufones, luchaba contra la dictadura sólo para convertirse en dictador, en agresor, en carcelero y en empedernido bufón.

Y mientras está sitiado, los patriotas deben pensar, actuar y mantenerse livianos y fluidos pues por una u otra razón, sus días están contados.

Algunos fanáticos como Porrón y el Camaleón Navarro dicen que Daniel es el “hombre”, que nunca tiene miedo, etc.

Thomas Adams nos da esta explicación: “El ambicioso sube por escaleras altas y peligrosas y nunca se preocupa de cómo va a bajar: el deseo de subir ha anulado en él, el miedo de la caída.”

Escrito por Tino Pérez