1. Nicaragua cíclicamente devastada por una confabulación de excesos y carencias; miserias y corrupción, igualmente arraigadas; demasiada competencia de los malos, demasiadas incompetencias políticas de los buenos; cursilería y pretensión de los de arriba, taimada resignación de los de abajo; oportunidades perdidas, culpas achacadas por los gobiernos a la pasividad ciudadana y por los ciudadanos a la ineptitud de los gobernantes.

La pareja dictatorial de Nicaragua.

2. En abril 2018, Nicaragua despertó de un largo letargo de once años. El modelo de lucha pacífica significa en términos cuantitativos menos ofrenda de sangre y muerte que la guerra civil de 1979. El dictador y su mujer tienen los días contados. No sabemos cuándo ni cómo se irán.

3. Hay que tener presente que en política tradicional no hay principios. Hay instantes. Y se necesita la fuerza de la inteligencia para pescarlos al vuelo. Ese es otro nombre de la astucia. El buen político lo convierte todo en ventaja. En política los argumentos los gana la habilidad, no la verdad.

4. Ya no puede ocultarse que, con cada muerto, el gobierno Ortega-Murillo alimenta el malestar, serrucha el piso bajo sus pies y construye su inexorable final. Para respirar a gusto, para disipar la bruma de la represión, para acabar con las conspiraciones del dictador, se necesita devolver al país una ilusión.

5. En política hay que evitar que las dudas internas se vuelvan externamente visibles. O se atiende el problema o se le sepulta. Lo que no puede ser es que una demanda se perpetúe sin que sea resuelta, concedida o negada. Entonces sólo se da la impresión de debilidad. No tomar decisiones es peor que cometer errores.

6. El país percibe como un defecto que el gobierno no reconozca la crisis sociopolítica, por esa razón el gobierno Ortega-Murillo ha perdido legitimidad y autoridad.

7. En la actual crisis sociopolítica Ortega sigue actuando el mismo papel y repitiendo las mismas líneas, sin darse cuenta de que el escenario ha cambiado y el autor principal de la obra también. Actúa, habla, como si viviésemos en el pasado. Como si las fogatas de la llama de la revolución de 1979 no se han terminado de apagarse. Estamos en un teatro nuevo y él quiere ser la estrella principal otra vez. Olvida que las ambiciones excesivas, la arrogancia del poder, o fracasan, o se pagan caro.

8. La segunda etapa de la revolución existe sólo en las mentes de los burócratas y tecnócratas de la “nueva clase”, la revolución social se acabó en 1990.

9. Entre el 2007 y 2017, el gobierno Ortega-Murillo dejó incólumes las bases del sistema empresarial que siguió dominando el poder económico, arraigado en los banqueros y en el COSEP, con los que negociaba el poder político. Es decir, prefirió dormir con sus antiguos adversarios.

10. Ortega está mafufo o netamente desubicado. Su cálculo político le ha fallado miserablemente. En la medida que la crisis sociopolítica se profundice se quedará solo. Ortega está rodeado de aduladores, lambiscones, halagadores, serviles y mentirosos que no le ayudan a analizar correctamente la coyuntura.

11. Creo que Ortega se ha vuelto loco, un perturbado senil que juega con las vidas y emociones de todos los ciudadanos. La fuerza de la rebelión sociopolítica es tan poderosa que revela lo que realmente ha sido Ortega desde siempre, que se ocultaba en la penumbra de la mediocridad de los pactos políticos.

La familia de los Ortega Murillo, fuertemente millonaria a costa del pueblo nicaragüense.

12. Ortega-Murillo, por desgracia, recompensan la lealtad más que la capacidad. Ellos no leen correctamente la realidad con tanto aduladores y lisonjeros, con tanta intriga palaciega, con tanta ambición y codicia personal.

13. Un signo evidente que el presidente Ortega ha comenzado a perder poder real, es cuando se hace rodear de una corte de lambiscones; los que le adulan son promovidos, mientras que los que critican, adoptando una postura independiente y profesional, son marginados a pesar de su competencia.

14. El gobierno Ortega-Murillo ha perdido la “sagesse”, que significa poseer sabiduría con una mezcla de conocimiento y experiencia y, al mismo tiempo, saber contenerse y mantener la cortesía para salvaguardar el consenso sociopolítico.

15. Mientras Ortega-Murillo sigan en el gobierno, Nicaragua perderá más gente, más capacidad económica, y seguirá la crisis institucional; haciendo más difícil y más costosa su recuperación económica.

16. El gobierno Ortega-Murillo desechó a la democracia como instancia de negociación y se enrumbó hacia un enfrentamiento radical contra los sectores populares; impone una guerra de imposición que tiende a borrar las conquistas democráticas, la inclusión social y la redistribución de la riqueza, que incluye confrontaciones de clase, de grupos étnicos y de género.

17. El descalabro sociopolítico, producto de la represión, deja al orteguismo en una situación lamentable. El partido de gobierno solamente logrará sobrevivir si se renueva, se transforma y renuncia del orteguismo.

18. Los políticos tradicionales practican lo que científicamente se llama “mimetismo” y son como los “camaleones”, que cambian de color para confundirse en el paisaje y no ser visto.

19. Ortega-Murillo piensan que la corrupción “engrasa” al sistema político tradicional, lo “lubrica”, lo vuelve fluido y puntual. Es parte de las reglas no escritas del autoritarismo. La corrupción es la manera más canalla de robarle a los pobres.

20. La corrupción que devasta el país no abarca sólo a las cúpulas. De ellas partieron y las define, pero la que hoy enfrentamos comprende a la sociedad entera. Hay corrupción hasta en los tratos más simples de la vida cotidiana; la desconfianza se vuelve norma, pues la experiencia demuestra que la transa acecha en todas partes.

21. Los políticos tradicionales piensan que no hay gobierno que funcione sin el aceite de la corrupción. La corrupción lubrica, sostienen. La lucha contra la corrupción requiere una revolución cultural, en la cultura política.

22. Durante el gobierno Ortega-Murillo, 2007-2018, los temas de corrupción y represión han estado en el centro de la problemática nacional. Ambos problemas son reales, han sido construidos con el objetivo de despolitizar a la sociedad y permitirle que su alianza con el gran capital pudiera gobernar e imponer sus criterios, obviamente al servicio de sus intereses.

23. La corrupción incluye los recursos necesarios para el financiamiento de un sistema político que deja afuera a quienes no tienen dinero. Esa circulación del dinero ilegal crea las condiciones para el enriquecimiento inexplicable de la nomenclatura que maneja esos recursos.

24. El movimiento sandinista histórico siempre reivindicó el valor de la ética en el manejo de la cosa pública, pero ese valor se fue deshilachando a partir de la piñata de 1990 e incrementándose entre 2007-2018. Esto constituye un acto de traición a los principios que dicen defender la actual nomenclatura.

25. Ortega-Murillo, se olvidan que sólo con la fuerza de las palabras no puede cambiar la realidad sociopolítica; sus palabras se volvieron pardas, angustiosas, falsarias. Ya no pueden seguir engañando. Ahora, son ellos los engañados por sus allegados, los que los marean haciéndoles creer que son incomparable, insustituible: “el comandante se queda”.

26. Tanto el poder de Ortega como el de Murillo nos revelan lo que realmente son. Una pareja de chantajistas. El más ambicioso de los dos es el que menos se dramatiza a sí mismo. Han demostrado ser crueles y mezquinos. La gente más cruel es la más insegura. Son crueles porque tienen miedo de perder el poder. La crueldad es su cédula de identidad.

27. El desprestigio hacia el gobierno Ortega-Murillo en el imaginario colectivo de la ciudadanía es enorme. Por eso Murillo es la mariposa que se presenta al mediodía, y que se transforma en el vampiro de la noche. Ortega-Murillo están hundiendo al país en un barril de melaza, están atados a ese destino sin destino.

28. El daño infligido al país por la insensata guerra contra las movilizaciones pacíficas, decidida sin mayor consideración por el gobierno Ortega-Murillo es un crimen de Estado. Si sus asesores y/o los jefes de las fuerzas armadas le dijeron lo que esa decisión implicaría no lo sabemos; si lo conminaron a reflexionar sobre lo que ello conllevaría, tampoco. Lo único que tenemos claro, a seis meses de que esa infausta empresa empezara, es una desolación exponencial y una ira ciudadana sin cauce ni llegada.

29. Dolor y miedo extendido y contagioso, subterráneo y de superficie tienen los autoconvocados, pero siempre dispuesto a minar el poder de Ortega-Murillo. Es necesaria su separación inmediata del poder, antes de que en vez de lluvia tengamos lodo y centellas.

30. El hombre público debe de dudar siempre. La duda, la angustia, son la levadura de la lucidez y tranquilidad pública. Se llega a ser político profesional porque tiene la capacidad de sospecha. Sólo el imbécil no duda. Sólo el idiota no sufre.

31. Históricamente el pueblo está acostumbrado al populismo, al clientelismo, al no razonar políticamente, a pedir cosas a los gobernantes. El paternalismo de Estado conduce a transformar a la gente en sujetos pasivos. Hay que pasar de la cultura del ciudadano que mendiga, que pide; a la cultura del ciudadano que asume como una responsabilidad propia la construcción de una nueva sociedad.

32. Hay que impulsar la ética política basada en la renuncia personal, en la valoración de lo colectivo por sobre los intereses personales/individuales. No hay que olvidar que la cultura política del pueblo está muy lejos de ser la deseada.

33. La política progresista no puede perder de vista jamás que el sujeto del proceso social son los ciudadanos “de a pie”, porque la actividad política gubernamental no se hace a partir de la intriga, de la maniobra política, o de las iniciativas en el plano diplomático. El arte de la política progresista es la capacidad de elaborar políticas favorables a la población para crear consensos.

34. Es importante que los militantes y dirigentes intermedios sean objetivos al entregar la información política verídica, evitando la tendencia a contar los hechos como se desean que sean. Algunas veces éstos desinforman en lugar de informar al proporcionar, por ejemplo, cifras abultadas de determinadas movilizaciones o acciones. Con ello, se está poniendo en peligro la capacidad para evaluar la situación en la que hay que operar.

35. No tienen la misma visión los cuadros que trabajan en un barrio popular, que los que lo hacen con los sectores medios. Los militantes que participan en los espacios legales en los centros urbanos, también tienen una visión diferente. Los cuadros que no viven la represión real, en determinadas zonas, tienden a creer que el proceso político está más avanzado de lo que realmente está.

36. Los miembros del movimiento social no aceptan que se intente imponer en forma autoritaria las directrices desde arriba; que se pretenda conducir al movimiento social por órdenes verticales por muy correctas que éstas sean.

37. Parecería una perogrullada decir que es importante que los líderes de los autoconvocados aprendan a escuchar. Pero es fundamental que sean capaces de asimilar las informaciones y opiniones ajenas sobre todo cuando no coincidan con las suyas.

38. Si el pueblo no te va acompañando en el nivel que vos querés, tenés que preguntarte el por qué, qué es lo que anda mal, y hay que tener la modestia de reconocer en lo que se anda mal, y no descargar la responsabilidad sobre otros.

39. Muchas veces en la práctica del trabajo político de base se sustituye por maniobras políticas para copar las organizaciones sociales y/o eliminar rivales de otras fuerzas progresistas, destruyendo cualquier posibilidad de colaboración entre estas fuerzas. Este error, por desgracia persiste en la actualidad.

40. En política los tiempos cuentan. Es más, hacer política es saber medir los tiempos. Se dice fácil. Es mucho más difícil conciliar la inteligencia con la pasión a fin de saber implementar tácticas y/o estrategias correctas en el momento político preciso.

41. Hacer una propuesta viable ante la imposibilidad de alcanzar un acuerdo negociado. Para ganar la mitad de lo que queremos, a veces tenemos que sacrificar la otra mitad. Hay que distinguir entre el mal menor y el bien mayor. Hay impulsar el bien mayor haciendo concesiones al mal menor.

42. Duele observar que personas inteligentes y con algún resto de decencia se animen aún a defender la franquicia del sistema político que ha muerto y que se sostiene en base a la represión y la sangre de los ciudadanos asesinados. Mencionan glorias pasadas y ciertas hazañas de sus héroes, lo mismo en avances de los años que han gobernado el país.

43. No es grato ver a miembros de la actual nomenclatura persiguiendo históricos militantes, exigiendo devociones que ya no tienen sustento. Carecen ya del dinero venezolano y la garantía de impunidad que mantenía la maquinaria. Logran una subordinación indigna que la perderán a su caída; los que militan con ellos saben mejor que nadie que las promesas e ilusiones no alimentan y ahora ya no tienen por qué hacerles caso.

44. El discurso violento, autoritario, y antirrevolucionario de Ortega-Murillo pinta de cuerpo entero al viejo sistema y demuestra con toda claridad por qué la secta política que hoy controla al partido supuestamente “revolucionario” debe renovarse por completo si quiere mantenerse vigente en el nuevo momento democrático que se vivirá en la nación a la caída del régimen dictatorial.

45. La matanza y represión sufrida por el movimiento estudiantil desde abril 2018 es un crimen de Estado que es necesario reconocer abiertamente. Ortega-Murillo han sembrado el terror en Nicaragua, cometiendo crímenes de lesa humanidad.

46. Es un crimen de Estado el empleo de francotiradores que dispararon, a fin de crear caos, terror y una narrativa oficial para criminalizar la protesta. Es un crimen de Estado que ha continuado más allá del 19 de abril, mediante asesinatos, detenciones arbitrarias, desparecidos y tortura.

47. Las mujeres también han sido actoras indiscutibles en el empuje democrático del parteaguas de abril de 2018. Madres, hermanas y esposas de estudiantes detenidos, de los asesinados y de los presos políticos tienen una actividad beligerante en contra del régimen.

48. El movimiento de mujeres tiene un activismo que refuta hasta donde puede al Estado autoritario en su conjunto; por ejemplo, la Asociación de Mujeres Nicaragüenses del Pico Rojo.

49. La actual lucha sociopolítica tiende a ser meramente coyuntural y no necesariamente buscan una transformación estructural del sistema, tampoco todas las agrupaciones responden necesariamente a una visión ideológica compartida uniforme y a una oposición tácita a las estructuras del poder económico.

50. Así es como nos encontramos con reivindicaciones son típicas del liberalismo político sobre derechos individuales, y otros, que tienen como fin o bandera de batalla, conquistas sociales, colectivas, como los derechos de elegir, de protestar o de manifestarse.

51. El actual movimiento social es producto de situaciones objetivas de crisis que se venían acumulando con el paso del tiempo a raíz de la falta de democracia, violación a los derechos humanos y otro tipo de abusos políticos, así como económicos contra la ciudadanía, provocando con ayuda de las redes sociales, el levantamiento popular y la búsqueda una verdadera democracia.

52. Desde el inicio del movimiento de abril, la mayoría de los y las activistas de derechos humanos y dirigentes políticos están entre rejas, mismos que lucharon por el cambio en el país. Los jóvenes que se manifiestan son encarcelados, el autoritarismo ha aumentado de la mano de las violaciones a los derechos humanos y las torturas solo por oponerse políticamente al régimen Ortega-Murillo. En la medida que el gobierno respondió con una represión indiscriminada el pueblo respondió en las calles: “lo que queremos es que se vaya del poder”.

San José/Costa Rica, a seis meses de la lucha, 19 de octubre 2018.