Las razones de Félix Maradiaga de no apoyar la opción armada en Nicaragua

Texto de Félix Maradiaga. Rompo el silencio por esta única vez. Por favor circular

Últimamente he recibido mensajes de personas que se enojan mucho por mi posición de resistencia y de desobediencia civil, que son métodos de lucha no violenta. Me instan a dejar de hablar de no-violencia y dicen “que ¿por qué no aprovecho la diplomacia para pedir armas en vez de andar denunciando al régimen? Etc.

Me insultan. Me dicen cobarde por optar por la no-violencia. En muchos casos son tan violentos en sus argumentos como los mismos Sandinistas del FSLN. Cómicamente me recuerdan que “no estoy en Nicaragua” cuando muchos de ellos (incluso desde perfiles sin sus nombres reales) casi siempre tienen años fuera de Nicaragua. Para ellos, escribiré esta explicación porque asumo que son ciudadanos que al igual que yo quieren salir del régimen y están cansados de la violencia despiadada del régimen. Por ello sienten que no hay otro camino más que la opción armada. Comprendo el sentimiento e indignación que también comparto, pero estoy en desacuerdo con esa premisa. Siento que es mi responsabilidad explicarles mis razones de que porqué la opción armada sería un grave error.

Es ciento que tengo ya tres meses fuera de Nicaragua, pero antes de eso pasé 12 años haciendo una constante y incansable oposición al régimen cuando ser opositor era un sacrificio de muy pocos. Ingresé al Movimiento por Nicaragua en el año 2006 junto a personas como el Dr. Carlos Tunnermann y líderes como Cristhian Fajardo que guarda junto a su esposa, injusta prisión. Desde el MpN, junto a miles de voluntarios, tratamos siempre de despertar la conciencia de Nicaragua de que se estaba recrudeciendo el régimen. En esos años nos golpearon, persiguieron, calumniaron, y pocas personas imaginaron nuestro martirio. Por años recorrimos el país sin descanso trabajando junto a otro puño de organizaciones que creemos en la no-violencia. Así que sin falsa modestia les digo que conozco Nicaragua y su sentir como muy pocas personas. Eso nos permitió adelantarnos a los hechos y, cuando muchos dormían en sus laurales, en años como 2010 y 2015 publiqué estudios que anunciaban la explosión social que se aproximaba. Se que abrumadora mayoría de los nicaragüenses no quieren otra guerra bajo ninguna circunstancia.

Antes de eso, de 1997 a 2006 trabajé en el Ministerio de Desarme en los temas de reintegración de excombatientes y desarme. Esa experiencia de hace 20 años me dio una idea cercaba de los que es un conflicto armado. Varias veces, en Waslala, en Cuá Bocay, en San Ramón, me tocó ir a reconocer cuerpos luego de una balacera entre rearmados. En Ayapal, me toco una vez cargar el cuerpo de Yorleny, una niña mutilada por una mina antipersonal. En la Vijía Sur y Kuskaswas me tocó ir de casa a casa recolectando fusiles que habían de la época de guerra. ¿Saben que encontré en esos hogares? Encontré niños huérfanos, viudas desesperadas, encontré decepción por la guerra. Mientras en la ciudad los políticos habían ya olvidado a los excombatientes que casi sin excepción, murieron olvidados. Después de cada guerra lo que se instauró fue un régimen similar al anterior. ¿De qué han servido las guerras en Nicaragua?

Decía Nelson Mandela que él, cuando era joven favoreció la lucha armada, pero que con su madurez se volvió un promotor de la resistencia no-violenta cuando entendió que a un país no se le podía cambiar usando los mismos métodos de violencia del régimen opresor anterior. La no-violencia es el único camino que evita un espiral nuevo de venganzas. ¿Creen que el FSLN se quedaría de brazos cruzados si hay un conflicto armado? ¿A los primeros que empezaría a matar serían a los presos políticos?¿Creen que hay interés de la comunidad internacional de dar armas? ¡No! Reflexionen: en las guerras civiles, son los más pobres y vulnerables los que ponen los muertos.

En el único escenario en el que yo aceptaría el uso de la opción armada es en uno de invasión por una nación extranjera; pero ese no es el caso hoy. Este es un conflicto entre nicaragüenses. En los conflictos entre hermanos lo que se causa es una matanza entre familias. Lo que le pedimos a la comunidad internacional son diversas formas de presión internacional, severas y firmes, para obligar a que el régimen acepte que se establezca una transición hacia la democracia. La solicitud de una intervención militar es algo que, al menos yo, jamás me atrevería a pedir.

Así que para aquellos que han venido a mi Facebook ha ofenderme por mi “trabajo diplomático” como si eso fuera un pecado, les digo que sus palabras son como arar en el desierto. Si buscan un líder militaristas, ese no soy yo. Reconozco que en muchos de los que me critican por oponerme a la opción armadas, hay patriotas que aman a Nicaragua al igual que yo. Reconozco que quizás son personas que al hablar de la opción armada lo hacen con un legítimo deseo de salvar a Nicaragua de la tiranía de la familia Ortega-Murillo. Pero mi obligación es expresar la conclusión a la que he llegado: a quienes más la conviene la violencia es al régimen de los Ortega-Murillo, porque es el único terreno en donde tienen ventaja. Nuestra lucha se puede ganar en donde tenemos ventajas que son la búsqueda de la justicia, la verdad, nuestro compromiso con respetar la dignidad de todas las personas, el anhelo de una Nicaragua que no se desangre por la violencia.

Finalmente, es obligatorio recordar que la no-violencia activa no es pasividad. ¡Todo lo contario! Es desobediencia civil a través de una clara, inteligente y organizada estrategia de lucha no-violenta, que ponga en jaque al régimen. Y no es cierto que ya se agotaron esos métodos cuando ni siquiera hemos podido impulsar un paro nacional, ni huelgas generales ni paro fiscal o boicots generalizado, sólo para citar ejemplos. ¡Aún nos hace falta mucho por hacer! La mayor parte de las sanciones ni siquiera han sido aprobadas. De igual forma, yo no promuevo la no-violencia no porque sea lo más fácil, de hecho es el camino corto y difícil—especialmente por culpa de la desesperante lentitud del sistema internacional—pero creo que es el único que nos llevará a la paz con justicia.

Muchas gracias a quienes han tenido la paciencia de leerme.

¡Patria libre, y vivir!