En las últimas semanas hemos conocido un giro político, poco disimulado de la Jerarquía Católica en relación a su actuar en los últimos meses, al señalar que:

(a) En los templos no se haga proselitismo político. Es lógico que en la misa no se realice ningún acto político; sin embargo, los creyentes pueden manifestar su repudio en los predios o frente a los templos al régimen opresor.

(b) Al haber quitado las cruces que muchos padres de familia pusieron en los patios de la Catedral de Managua.

(c) Todo parece indicar que la campaña contra los obispos Báez, Álvarez y Mata dio resultado esperado por el orteguismo: callar la vocería de los tres obispos y eliminar otro espacio más donde el ciudadano pudiera manifestar su rechazo al régimen.

(d) Significa también que el cardenal Brenes asumió la visión de una salida a la crisis con la permanencia del gobierno Ortega-Murillo.

(e) También, indica que la Iglesia, a través del Nuncio Apostólico, se encuentra en negociaciones con el gobierno que implicaría el decreto por parte del gobierno una amnistía general o ley de reconciliación en el mes de noviembre.

(f) Todo lo anterior significa que el gobierno realiza una negociación con el beneplácito de la mayoría de los obispos de la Jerarquía Católica con el objetivo de evitar la aprobación de la Ley Magnitsky Nica.

(g) En términos estratégico la Iglesia dejará de ser un protagonista importante en el proceso social, se quedará como mediadora y dejará de tener un papel protagónico y dirigente de la lucha social que venía asumiendo en los últimos meses.

San José/Costa Rica, 06 de noviembre de 2018.