Por Francisco Amaya – Antes de llegar a la presidencia el dictador sanguinario Daniel Ortega Saavedra, se fue a dar un paseíto por Argentina y a hacer cosas que normalmente no hace en Nicaragua, bailar tango y tomar vino tinto. Lo que ese cruel personaje no sabía es que ese sería su último tango.

Daniel Ortega se ha caracterizado históricamente por reunir un poco de Adolfo Hitler, Léonidas Trujillo, Anastasio Somoza, Augusto Pinochet y del famoso personaje de la mafia “el Padrino”. En eso ha radicado su genialidad, con tal de mantenerse en el poder es capaz de todo y de pactar hasta con el mismísimo diablo. Su perversidad y su cinismo no tienen límites. Así violó a su hijastra por más de 10 años, sin reparar en principios éticos, ni morales, por el contrario esperó, sobre todo de su elenco revolucionario, comprensión y hasta justificación, algo que muchos y muchas hicieron y apoyaron. Pero la Zoilamérica Ortega Murillo, no es la única víctima de este depredador sexual, en términos siquiátricos Daniel Ortega es un pedófilo en potencia.

Una de las confesiones tristes de Zoilamérica es la revelación de los abusos sexuales por parte de Daniel Ortega al sacerdote Miguel Escoto Brockmann, el primero en saberlo y la expresión del sacerdote fue “Ese es tu aporte a la revolución”. Los niveles de descomposición social y moral en nuestra sociedad calan muy profundo, es por eso que no será una tarea muy difícil reconstruir todo lo destruído.

A sus víctimas, niñas menores de edad, las escogía dentro del círculo de su militancia. Después de los actos políticos del FSLN, ya sus operadores sabían de las preferencias del tirano. Sus operadores como el Ing. Federico Lacayo Álvarez “Pitín”, Julio Gallardo “Julito”, Néstor Moncada Lau entre otros organizaban para el “Hímero Sandinista”, a las víctimas que devoraría posteriormente. Mientras el sátiro embaulaba a sus doncellas, miles de jóvenes morían obligados en una guerra fratricida o engañados por un ideal supremo. Al final quedaba el cadáver exhausto, frío, harto, voluptuoso y con una risa sardónica sobre miles de víctimas inocentes y una militancia fanatizada, paupérrima y enferma aplaudiendo las atrocidades del dictador.

Y para aquellos que no entienden la palabra escrita, los invito a ver un par de minutos, la famosa pintura del pintor húngaro Mihály Zichy “Escena de abuso sexual infantil”. Fue precisamente la violación a Lucrecia por parte de Sexto Tarquinio, hijo del último rey romano Lucio Tarquinio el Soberbio, lo que provocó la decadencia y destrucción de la monarquía romana. El pintor Tiziano inmortalizó ese agravio en su obra “Tarquinio y Lucrecia” y los pintores Cambiaso, Rembrandt, Durero, Rafael, Botticelli, Lucas Cranac se inspiraron en el hecho de que Lucrecia optara por el suicidio que a vivir con el deshonor.

Esta es la parte más triste de la historia, como un hombre: oscuro, maquiavélico, perverso y sádico encontró a tantos (as) aliados y aliadas, como: el cardenal Miguel Obando y Bravo, jefes de la policía, jefes del ejército, empresarios, sacerdotes, pastores evangélicos, periodistas, diplomáticos, feministas para cometer sus horrendos crímenes y fechorías. Como dijera nuestro ilustre Rubén Darío en su poema “Los motivos del lobo”…”Son incontables sus muertes y daños”.

Hoy tenemos a toda una nación ante el altar de la patria: secuestrada, violada, cercenada, mutilada, lisiada, huérfana, torturada, asesinada y asediada pero no vencida.

Quiera Dios y las estrellas que encontremos nuestro norte, sobre todo en el plano moral y espiritual para que podamos reconstruir una nación sobre las bases sólidas de la democracia, la justicia y el respeto a los derechos humanos.

Disfruta tu último tango dictador sanguinario, porque la JUSTICIA viene y nadie la detiene.

*El autor es médico, escritor y analista político.