Análisis sobre crisis en Nicaragua: El factor militar

Por Tino Pérez
Todos debemos entender que actualmente, el dictador Ortega, actúa siguiendo el patrón histórico de atrapar y conservar el poder a través de las “cañas huecas”.

Es una tradición que comenzó con Cleto Ordóñez en 1823 cuando se proclamó Comandante de Armas de Granada para encabezar el descontento popular por la Anexión de Centroamérica a México.

Las Provincias Centroamericanas se habían independizado de la Corona Española en 1821 sin disparar un solo tiro, y nacieron huérfanas de proezas militares que, en otros países, habían alentado el concepto de nación.

Sin embargo, muy pronto, sobraron militares para dejar huellas de control político supeditado al control militar, y en muchos casos, los gobernantes se quitaron sus atuendos civiles para ponerse charreteras, autonombrarse mariscales y ser las dos cosas, sin tener que ampararse en los hombres fuertes, los que tenían las armas y las huestes organizadas bajo control prolongado o temporal.

Así, de la anarquía, pasábamos a un gobierno de manu militari. Cuando a alguien se le ocurría agarrar el poder, reclutaba su propio ejército y luego lo desbandaba y el proceso se fue haciendo costumbre, tradición. Por eso, la región de El Guanacaste miró hacia el sur, cansada del desorden en constante repetición y por eso estamos a la zaga de procedimientos democráticos en Centro América.

Después de Ordóñez, el padre del militarismo nicaragüense, se hicieron famosos Bernardo Méndez, Casto Fonseca y Trinidad Muñoz. Fonseca se hizo llamar “Gran Mariscal de Nicaragua” y Trinidad Muñoz cargó con la fama de ser el mejor táctico de su tiempo. Ellos fueron el verdadero poder detrás del trono en el período de los Jefes de Estado y los Directores Supremos, marcado por rasgos anárquicos y cruentas guerras sectoriales.

Fruto Chamorro, el primer presidente, después de cambiar la Constitución, provocó una nueva guerra con abundantes generales en ambos bandos hasta que el conflicto se transformó en Guerra Nacional.
Durante el Período conservador siguiente, varios de los presidentes ostentaron rango militar, comenzando con Tomás Martínez hasta llegar a un nuevo general del otro partido: Zelaya.

La política del siglo XX está saturada de generales políticos o políticos generales: Emiliano Chamorro, José María Moncada, Anastasio Somoza García y Anastasio Somoza Debayle.

Luego, fresca nuestra memoria, aparecieron los comandantes y uno de ellos, el “comandante de comandantes”, ahora tiene tres ejércitos y es quizás, el que ha seguido la tradición con mayores bríos, matando la democracia y anunciando a los cuatro vientos que el que tiene las cañas huecas… es el que tiene el poder.

Este nuevo comandante es caso único, parece ser que sin comandar una simple escuadra, lo hicieron “comandante”. Y hoy, los que se dicen generales, salidos del mismo proceso, no paran de decirle: ¡Ordene comandante!… Estas “victorias son pura sopa”, tenemos las “cañas huecas”, ellos sólo huleras, y nuestros “valientes” ya se acostumbraron a bailar para celebrar… ¡Ya saben disparar, sólo tenemos que enseñarles a bailar!

¡Hoy es nuestro día y vamos a marchar por usted!

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