Tino López – Allá al Norte, nació una República con una Constitución que desafía los tiempos. James Madison, quien había redactado el documento original siguiendo el sentir de los llamados padres de la patria norteamericana, llegó a ser el cuarto presidente y plasmó su sentir en estos términos: “Nada ha provocado más admiración en el mundo que el modo en que se ha establecido un gobierno libre en Norteamérica. Ha sido el primer ejemplo desde la creación del mundo en que se ha visto a ciudadanos libres, deliberar sobre la forma de gobierno y elegir a aquellos ciudadanos que contarán con la confianza para decidir sobre ellos y ponerla en efecto”.

Acá al Sur, la historia es diferente desde un comienzo. Déspotas, tiranos y dictadores de toda índole han usurpado lo popular y privado a sus conciudadanos de libertad en beneficio egoísta. La vorágine de violencia y la onda de idiotez son permanentes para crear un futuro incierto a pesar de la abundancia de recursos como dones de la Naturaleza.

El hito último quedó plantado en 1959 con la aparición del castrismo. De allí en adelante, todo lo acontecido antes parece novela de vaqueros comparada con modernos y actualizados cuentos de terror. Uno de los abanderados de la nueva ola, Ernesto Guevara, gritaba en la Tricontinental de 1967:

“El odio es el factor de lucha, el odio intransigente al enemigo es el que impulsará más allá de las limitaciones naturales del ser humano para convertirlo en una efectiva, violenta, selectiva y fría máquina de matar. Nuestros hombres tienen que ser así; un pueblo sin odio no puede triunfar sobre un enemigo brutal”.

Y el odio domesticó al pueblo cubano y se exportó con abundancia en las programadas “guerras de liberación” a otros lugares de la región. Últimamente se hizo fuerte en Venezuela y luego en Nicaragua, y ha mandado sus ondas bolivarianas a Ecuador, Chile, Bolivia, Honduras, etc. Según los pregoneros, cocaleros, y narcotraficantes del conglomerado, la intención es cubrir con un manto negro o rojo que llaman “brisa bolivariana” desde la Patagonia al Río Bravo para entrar campantes en la tierra de Mr. Madison y pulverizar el orgullo y el ejemplo “del gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo” como lo definiera Mr. Lincoln años después.

El mundo entero sabe que esa brisa bolivariana está cargada de odio, rapiña, asesinato, robo, corrupción y enfermedad de poder. Su materia prima es estupidez y como tal, no asegura éxito permanente. Es una causa con efecto destructivo y el eco se percibirá diáfano, contundente. Y como no se puede esperar tregua de la maldad, el camino de la paz debe transitarse con educación y determinación.

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