Análisis: La dosis mortal de hipocresía

Por Tino Pérez
Pensar no es lo mismo que percibir. Podemos hacer las dos cosas y nos manifestamos por una, dado nuestro estado de conciencia. Con el pensamiento, el ego nos atrapa en un repetitivo diálogo interno porque la sustancia del ego es lo que se piensa. Algunos confunden una cosa con la otra, caen en la ilusión y se convierten en prisioneros de sus pensamientos que le reportan otra realidad.

Pero aquel que percibe puede asomarse al mundo real con poder y libertad. La vida, el éxito, el amor, el progreso, la responsabilidad, el deber y todo el conjunto de valores que aceptamos como propios, se revelan entonces como lo que siempre fueron: humo en la cabeza, pensamientos, ideas que no tuvieron más realidad que la que les dimos por nuestra enseñanza y nuestra cultura.

Entonces, nosotros mismos hacemos de nuestras vidas un infierno que a veces, por nuestra posición, arrastra a otros a sufrimientos indescriptibles en sus tiempos e historias personales por estar atrapados en otra realidad.

Después de 17 meses de acción y reacción con el despertar de abril, el panorama es como una inmensa telaraña con gente atrapada en ella. Gente que quiere conservar el statu quo, gente que quiere cambiar las cosas y gente indiferente. Después de tan descomunal tragedia experimentada por este pueblo que no ve luz al final del túnel, el impasse perdura y el abuso de poder se consolida en detrimento de la justicia, la paz y la democracia. No queremos percatarnos de la pérdida de tiempo en una situación demandante que necesita resultados positivos; aceptar con resignación que no hay vencedores, que no hay vencidos, sólo seres pasajeros con un destino común. Reclamos por todos lados, acusaciones de todo tipo y posturas mediocres para competir y exigir. En política no hay pureza, todo mundo tiene cola, tiene pasado. Entonces, sólo queda confiar y verificar para que el ímpetu no sea desperdiciado. Hay una vieja advertencia aplicada a los negocios que puede aplicarse a la política con justa razón: <La confianza es buena, pero los controles son mejores>.

Ya sabemos que Zekeda tiene su plan, su búnker y sus cofres llenos para perdurar. Perder el tiempo en majaderías es traicionar la memoria de los que abonaron la tierra con sus humanidades por un ápice de sentido común para rescatar o encauzar lo que aún queda de nación.