Tino Pérez – Dejamos atrás el 2018 sin olvidar lo acontecido. Como siempre, las cosas que comienzan mal terminan mal. La ilusión atrapa a ejércitos de ilusos desde lo alto hasta la llanura. Mientras las llamas consumían la reserva natural Indio Maíz, el ejército de ilusos adoraba árboles de lata, luces de neón, monolitos de cemento e ídolos de barro.

Todos decían que él y ella tenían la razón pero miles de años atrás, ya Aristóteles había advertido: “La razón está sujeta al error.”

Otros decían que DOS (Daniel Ortega Saavedra) estaba en su año de máxima expresión. Los amantes de la numerología calcularon: 2018 = 11= 2… y así comenzó a decretar contra los ancianos para ocultar el gran desfalco del INSS.

La respuesta fue espontánea y la represión ensangrentó las calles y pobló los camposantos de la nación. La Vice entonces comenzó a insultar con verborrea de desprecio, pero es sabido que los insultos nunca han sido argumentos y mucho menos pruebas de peso. Ella, convencida de su continuidad dinástica, comenzó a dirigir y reclutar a los fanáticos para que “actuaran con todo” y el año el 2018 se oscureció con su guerra declarada, la geografía nacional era su campo de batalla y sus fanáticos, dominados por el instinto, perdieron el juicio y cordura.

Así terminó el 2018, el año DOS, escuchando el eco de la irracionalidad, un eco que ha perdurado con intensidad a lo largo de este 2019 que ya se nos escapa con acústica mejorada para enfatizar la voluntad del obstinado dictador. La única novedad es que su mujer alzó más la voz, uno de sus hijos quiso decir algo y nadie le entendió, y finalmente uno de los matones se quiso sublevar mientras otro expresó que el tirano tiene que morir porque ni Jesús pudo escapar al ineludible fin; quizás la próxima vez cuando le guiñen la chaqueta, dirá que también puede resucitar.

Vamos al 2020 y la situación no mejora, más muertos, más condenados por capricho y más lamentos por la represión. Los analistas dicen que es el año crítico para los OrMu y su modus operandi indica desesperación. Evo ya se fue y Maduro está peor. Los desmanes se intensifican y los muertos no se olvidan, nunca se olvidarán. La antorcha está en manos de esta generación y el tirano decrépito no podrá impedir que siga alumbrando el camino de la libertad.

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