Análisis: Estadio lleno, y ¿qué?

Por Miguel Mendoza
Si, se llenó el estadio, y ¿qué? Lo extraño era no llenarlo con una serie (Bóer-Dantos) intensa y emocionante, con entradas casi regaladas y con una portátil de militares llevada por el ejército.

Pero este lleno, único de la serie, de 14 mil personas, en una ciudad de millón y medio, era de esperarse. La incompetencia fue no mantenerlo así durante los cinco partidos de la serie.

No critico a quienes fueron. Yo mismo estoy transmitiendo los partidos desde la cabina de Radio Católica, porque en uno de los tantos abusos del régimen, tengo prohibida la entrada como si fuera de ellos, como si lo pagaran de su bolsa.

Pero, ajá, se llenó el estadio, y qué? Eso normaliza el país? Eso hace que no nos duelan los asesinatos selectivos, el sufrimiento del centenar de presos políticos, la persecución contra ciudadanos que se manifiestan, la falta de libertades o el oleaje represivo que se vio este fin de semana en León, Managua, Masaya y Matagalpa?

Por qué les alegra que el estadio se llenó? Alégrense cuando las universidades vuelvan a tener normalidad, celebren cuando se recuperen los empleos perdidos, gocen cuando regrese la inversión extranjera, ríanse cuando los miles de exiliados retornen al país.

En vez de ver como retorno a la normalidad un estadio lleno, háganlo cuando la canasta básica no sea incomprable, cuando la gente vuelva hacer tres tiempos, cuando los niños no sientan temor de ver a un policía en las calles, cuando la gente deje de ver como su mejor opción irse del país, cuando no persigan hasta a quienes entran a una iglesia.

Eso de ver el estadio lleno es una nimiedad entre el océano de calamidades que a diario le recetan al pueblo una familia abusiva, ambiciosa e inescrupulosa, que su único fin es mantener el poder aunque para ello tenga que dejar el país en escombros.

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