Análisis: El legado de los conquistadores

Por Tino Pérez
Dicen los estudiosos de nuestra historia precolombina y colonial, que cuando los primeros conquistadores arribaron a nuestro suelo, la población total era de aproximadamente un millón de habitantes y que apenas medio siglo después, había sido reducida a sólo diez mil pobladores aborígenes.

Los españoles no trajeron grandes ejércitos para la conquista, sin embargo, unos 200 andrajosos conquistaron nuestro territorio y con cantidades similares, hicieron maravillas en México y el Perú contra aztecas e incas respectivamente.

Los historiadores señalan el exterminio masivo y la exportación de esclavos, como las causas principales de la reducción sistemática de la población. Proceso que fue acompañado siempre por las enfermedades epidémicas como la viruela traída por ellos desde el Vejo Continente.

Inmunológicamente indefensa, una sociedad entera quedó a merced de unos pocos que actuaron como dioses y demonios contra los pobladores sorprendidos por su propia debilidad que culminó con una transformación de sus creencias y la más absoluta sumisión. En los Anales de los Cachiqueles, quedó registrado este lamento:
“Grande fue el hedor de la muerte. Después de que nuestros padres y abuelos sucumbieron, la mitad de la gente huyó a las montañas. Los perros y los buitres devoraban sus cuerpos. La mortandad fue terrible. Tus abuelos murieron, y con ellos murió el hijo del rey, sus hermanos y parientes. ¡Así fue que quedamos huérfanos, oh, hijos míos! Así quedamos cuando éramos jóvenes. Así quedamos todos nosotros. ¡Nacimos para morir!”

Por su parte, el cronista Fernández de Oviedo escribió:

“Decían los sabios y más ancianos de ellos, que debían morir los indios en caminos. Y que aquella señal era camino que significaba su muerte de ellos caminando. Y podíanlo muy bien decir o adivinar, porque los cristianos los cargaban y mataban, sirviéndose de ellos como de bestias, acarreando y llevando a cuestas de unas partes a otras todo lo que les mandaban”.

También la desesperación de los indígenas condujo a la decisión voluntaria de no procrear y no hubo reposición normal de población. Así relata el cronista López de Gomara este fenómeno cargado de dignidad:

“…No dormían con sus mujeres para que no pariesen esclavos para los españoles”.

Al final, la misma población indígena se sintió como abandonada por sus dioses, y se prestó a la nueva imposición ejercida con brutalidad incomprensible para ellos en nombre del Rey y de la Cruz. Así es la triste y dramática historia de nuestros antepasados aborígenes que el mestizaje posterior justificó, y ahogó como memoria de nación.

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