Análisis del Ejército de Nicaragua: Ejércitos con dueños

El General del Ejército de Nicaragua, Julio César Aviléz, prácticamente dijo que no evitará que continúe la represión a los opositores del país y se alinea al discurso de la dictadura de los Ortega Murillo

Por Tino Pérez
Cuando Nicaragua se separó de las Provincias Unidas de Centroamérica en 1838, la organización militar de la Federación era incipiente y con la separación también llegó la anarquía en un violento período de cruentas guerras fratricidas.

La institucionalidad militar en Nicaragua nunca pegó porque cada caudillo organizaba su propio ejército y cada ejército organizado desaparecía con su caudillo. Los Jefes de Estado y los Directores Supremos se uniformaban y se autonombraban Generales para ejercer autoridad. Algunos, sin inclinación militar, se supeditaban a los Comandantes de Armas más notorios para poder gobernar, y en ese largo período, la institución militar al servicio de la Patria nunca existió, la fidelidad siempre fue hacia el caudillo de turno en pos de intereses personales y partidarios.

Hay una larga cadena de hombres que usaron los machetes, las bayonetas, los fusiles y los cañones, para hacerse sentir, por lo general con rango autoimpuesto de General, Brigadier, Capitán General, Gran Mariscal, etc., etc.

Cleto Ordóñez a la cabeza, seguido por José Zepeda, Bernardo Méndez, Casto Fonseca, Trinidad Muñoz y Fruto Chamorro hasta llegar la Guerra Civil que se convirtió en la Guerra Nacional, fueron los más connotados en ese período anárquico.

Después de la Guerra Nacional, y a pesar del prolongado período de paz de treinta años, no se visualizó la institucionalidad militar y el ejército siguió siendo conservador, partidario, hasta que Zelaya triunfó con su ejército liberal que, tecnificado y modernizado, también desapareció a su partida.

En el siguiente período de la Restauración Conservadora, la institucionalidad militar tampoco pegó.

Ejércitos partidarios liberales y conservadores se desangraron tras los intereses de sus caudillos.

Durante la Guerra Civil del 54, los liberales habían traído a los filibusteros para imponerse. Durante la Guerra de Mena en 1912, los conservadores también trajeron a los Marines para imponerse y luego repitieron el mismo error durante la Guerra Constitucionalista del 26.

Los Marines dejaron el organigrama para romper la simbiosis (Cañas Huecas/Poder) pero el modelo tampoco pegó porque un nuevo caudillo siguió con la tradición. Así nació un ejército pretoriano en pleno Siglo XX hasta que desapareció con su último pretor en 1979.

En el desenlace trágico otro ejército nació alrededor de una bandera, y 40 años después, en pleno Siglo XXI, la tradición continúa, ahora más acentuada y más desproporcionada en comparación con todo lo conocido anteriormente. El nuevo pretor tiene, además de su propio ejército, su propia policía, y hasta un tercer ejército de matones fuertemente armados para ultrajar e imponer su voluntad contra viento y marea… El tiempo nos ha regresado a la selva.

En la dictadura anterior, los Anastasios moldearon el destino de la GN porque fueron sus únicos Jefes Directores por 23 años cada uno (1933/1956 para ASG Y 1956/1979 para ASD). Oportunidad servida en bandeja de plata por los americanos que ellos, los Somoza, jamás pusieron en otras manos.

En la dictadura actual, finalmente se comprobó que Ortega es el Jefe Supremo con un generalito 100% alineado, comprado y comprometido con el Jefe. Otro ejército sacrificado por la voluntad del pretor, comprobado hecho para que el gobierno post Ortega controle esta situación… ¡Que nunca más un tirano se haga fuerte y apuñale la democracia, la ley y la libertad secuestrando a la institución armada!

En palabras de Miguel de Unamuno: “Parece que seguimos siendo hijos de nuestro pasado en vez de ser padres de nuestro futuro”.

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